Un fin de semana en el paraíso del oro: Cataluña

Los mecanismos conceptuales que mantienen los sistemas simbólicos que hoy en día gobiernan España en sus diecisiete comunidades autónomas son, cuanto menos, absolutamente explícitos en su formulación y en el caso de Cataluña, completamente escatológicos. La doctrina incubada en los catalanes desde hace ya demasiado tiempo les hace vivir a ellos, y al resto de españoles, una paranoia bipolar que nos sitúa entre el miedo a las consecuencias de los liberticidas, que hoy en día campan, y los que añoran la libertad.

La vieja palabra de moda desde la Ilustración, “libertad”, adquiere, en territorios como el de Cataluña, una dimensión fabulosa y a la vez espantosa; pues se mueve en la generación de teorías hegemónicas nacidas de una ensoñación rayana en la “madre de todas las patrias” que parecen acunar las fantasías totalitarias de algunos. Las reprobaciones a la jefatura del estado que comienzan a producirse y que se antojan imposibles en otras democracias de nuestro contexto cultural y político, parecen meros brindis al sol, pero no, todo el mundo debería saber y ser consciente que, el modo en el que una sociedad cegada por la luz del “oro” heráldico asimila la creación de vectores destructivos, genera una espeluznante violencia discursiva de difíciles proporciones.

Las visiones de un paraíso apocalíptico, devastado por la radiación tóxica derivada de un discurso liberticida, totalitario y sectario nos aboca, sin duda, a una forma de juicio final permanente en el que la posibilidad de reencarnación queda circunscrita al hegemónico grupo de los elegidos y el resto, deberemos contemplar cómo el viejo sueño de la libertad de pensamiento y la responsabilidad que ello acarreaba quedan ensombrecidos por un amanecer en el inframundo.

Quizá nos quede el recurso a un refugio anti-bombas y la idea final de un Arca de Noé denotativa para todos los que solo reprobamos a los que no aman la libertad. Y que el Renacimiento surja de un nuevo año cero con pan con tomate mientras contemplamos cómo las reprobaciones a la libertad, destruyen la otrora cosmopolita libertad catalana y de sus gentes, que no es otra, que la de España y sus gentes.

No olvidemos que el mito del paraíso lleva pegado en su piel la idea de un mundo de monstruosidad, martirio y sufrimientos indecibles y que los mártires, no visten de amarillo.

Heraldo Baldi

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