Hojeo de nuevo un libro publicado en 1974: El nacionalismo vasco. De sus orígenes a la ETA. Su autor es el historiador norteamericano Stanley Payne, quien confiaba eliminar con él una parte de la confusión y de los equívocos sobre ese asunto. El profesor Juan J. Linz, decía, le ayudó a corregir muchos errores.
Y el inolvidable historiador Carlos Seco Serrano, entonces en Barcelona, le hizo un largo prólogo, donde glosaba la madurez y el estilo directo y práctico de Payne, así como “el empeño, arduo y difícil, de dar perspectivas científicas, responsables y objetivas” a temas candentes.
En este libro aprendí algunas ideas que desconocía de Sabino Arana, fundador del EAJ-PNV. Años antes de morir en 1903, con 38 años, sostenía que Euskadi nada tenía que ver con Maketania (España), pero que en Cataluña se catalanizaba a quienes venían del resto de España y gustaba que hablaran catalán, “para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen euskera”, “padecemos muy mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos euskéricos, oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano”. Lamenté que Narcís Serra, alcalde de Barcelona, le dedicara una calle hace cuarenta años.
Miquel Escudero
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