El presidente Adolfo Suárez escribió que siempre trataba de aprender de los demás, pero que la mayor lección vital que había recibido provenía del valor y la sabiduría de su mujer y de su hija mayor, ambas fallecieron de cáncer.
Mariam tenía 41 años de edad cuando murió, hace ahora quince años. Era abogada y tenía dos hijos: Alejandra y Fernando (ella interrumpió su quimioterapia para que éste naciera en las mejores condiciones). Alejandra es la actual duquesa de Suárez; hay noblezas y noblezas, algunas no se heredan, tampoco el talento, su tío Adolfo pugnó por apropiarse de ese título que no era suyo.
Mariam escribió el libro Diagnóstico: cáncer, al que su padre puso prólogo, que iba dirigido a los enfermos de cáncer “por si puede ayudarles”. Espontánea, directa y corajuda, Mariam Suárez describió a su padre, en una conversación con Víctor Amela, como “incapaz de odiar a nadie, generoso, bondadoso, chuleta… Mi padre es… es la pera”.
Como él, Mariam se crecía en las dificultades y sostenía: “es increíble cómo cosas que siempre nos han parecido terribles, de repente se convierten en bastante tolerables según la situación en que uno se encuentre. Una vez más pude comprobar cuán relativo es todo en este mundo”
Miquel Escudero
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