Para escuchar conviene callar y acoger la palabra ajena. Pero también juntar una palabra sin sonido con un destinatario sin voz. Sobre estos asuntos discurre el breve ensayo Tacet (Siruela).
Su autor es el suizo Giovanni Pozzi (1923-2002), quien durante cerca de treinta años fue profesor de Literatura italiana en la universidad de Friburgo (ciudad bilingüe en la que se habla francés y alemán). Esa actitud que postula requiere soledad, sustraerse a la banalidad; y esto implica una cierta huida de la sociedad humana
Dentro de la soledad, Pozzi propone cultivar tres silencios, en relación con la palabra de quien la formula, de quien la escucha y de quien la conserva. Giovanni Pozzi era sacerdote y analizaba la sustancia del misticismo de Clara de Asís, Inés de Praga, Alfonso María de Ligorio y Verónica Giuliani, entre otros. Y le mueve cómo llegar a encontrar en la nada el todo, y en la ausencia la presencia.
Pozzi sostiene esta paradoja: “la soledad es inaccesible cuando se la busca, y se vuelve insoportable cuando se es presa de ella”.
Miquel Escudero
[campana]
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