Conviene no perder la cabeza e imaginar escenarios de llegada ilusionantes, partiendo de la base de todo lo que Aldama está soltando ante los jueces, si lo que nos motiva es ver caer de forma definitiva e irrecauchutable todo el entramado mafioso que urdió el sanchismo para financiar al PSOE y lucrarse.
Su cúpula, con Sánchez a la cabeza y el número dos de entonces, el ministro Ábalos, mediando con empresas, comisiones y, por supuesto, el trasiego de señoritas con Koldo seleccionando a la carta en base a las preferencias viciosas del jefe, señalan de forma aplastante al PSOE.
En cualquier otro país del mundo, en el que prime la seriedad en la gobernabilidad, esto ya sería suficiente para dar carpetazo y finalizar una etapa política que se ve inundada por casos de corrupción. Aun así, no olvidemos la proximidad y comodidad de este gobierno de la ultraizquierda sanchista con los regímenes totalitarios y las naciones sin demasiado recorrido en eso de las libertades, la justicia e igualdad, lo que no hace descartable cualquier revisión de condenas, el uso interesado de los indultos o las meteduras de mano en la Justicia para evitar o corregir fallos previsibles.
El PSOE, siempre hablando de lucha contra la corrupción y tras acceder al poder con ese mismo argumento, ha logrado ser, a años luz, el partido ejemplo de lo que es usar el poder de modo corrupto. Eso, sin entrar en su otra gran batalla mediática, igual de falsa que la primera, como es la lucha feminista y por las mujeres que, con el catálogo y oferta que maneja el navarro para satisfacer las ansias del valenciano, dejan por los suelos toda credibilidad en este sentido.
En un país serio y con decencia política todo lo que estamos viendo ya no sería en un contexto como el que realmente vivimos. El personaje que todos catalogamos en nuestro foro interno como el número uno, en coincidencia con lo que el comisionista ayer ya puso encima de la mesa y del que esperamos pruebas contundentes que permitan calificar de forma irrefutable lo que ahora son fundadas dudas y suposiciones –aparentemente muy solventes-, no debería permitirse que siguiera anclado en ese poder del que se ve dependiente y que necesita como el oxígeno para vivir.
Esa sobredosis de egolatría del conocido como “puto amo”, su vanidad y, por encima de todo, la necesidad de mantenerse al mando para poder mediar en la protección y salvaguarda de todos los que le rodean domésticamente, con la justicia al acecho, es suficiente para seguir con su discurso continuista, con el angustiante y ridículo discurso de ampliar sus plazos de pedurabilidad, si cabe, hasta ocho años más.
Esa prórroga de dos legislaturas más me cuadra bastante, al ritmo que llevamos desde que ha intoxicado a las instituciones tras su llegada, con el tiempo que le resta al sanchismo para acabar de destrozar España. Las políticas llevadas a cabo, junto al grado de sumisión y docilidad ante las pretensiones y paranoias de sus amos separatistas que le sostienen en el poder, exprimiendo ese interés chupasangre de las formaciones rupturistas, hacen a este PSOE cómplice y copartícipe del gran objetivo y cometido de esos partidos radicales que tienen como fundamento número uno el acabar con la nación española. Una indecencia e inmoralidad, por parte de un partido de Gobierno nacional como es el PSOE, que le debe arrastrar a un deterioro y hundimiento generalizado de su peso político allí donde se presente.
A la espera de acontecimientos y de una sentencia en línea con lo que esperamos los ciudadanos de bien, dejando a Sánchez contra las cuerdas, deberemos seguir el relato de esta causa que, si imperase la cordura y el sentido común, ya nos habría llevado a la fijación urgente de una nueva fecha para las elecciones generales. Algo que sabemos que no sucederá al conocer el perfil, los intereses y las necesidades del único que puede fijar ese momento en el calendario.
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