«El Ayuntamiento de Barcelona no es un espectador neutral del antisemitismo que crece en la ciudad: es un agente activo del clima que lo hace posible». Ese es el mensaje que ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio) ha llevado hace unos días frente al Monumento a los Barceloneses Deportados y Víctimas del Nazismo, en el Parc de la Ciutadella, con la pancarta “Hoy judíos, mañana tú”. El silencio, como denuncia de una pasividad que es connivencia camuflada.
Les Corts: la cara visible del clima. La madrugada del 24 de enero, una veintena de tumbas del recinto hebreo del cementerio de Les Corts fueron profanadas. Los Mossos lo investigan como delito de odio antisemita. El alcalde Collboni lo condenó eludiendo la palabra “antisemitismo”. Un mes después, una familia víctima denunció que ningún político la había contactado: “Por cosas como estas, mi abuela huyó de Alemania”.
Una trayectoria sancionada por los tribunales. La sentencia 331/2024 del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo n.º 10 de Barcelona, obtenida tras recurso de ACOM, anuló la ruptura de relaciones del consistorio con Israel por vulnerar el principio de igualdad del artículo 14 de la Constitución, invadir competencias estatales y quebrar la neutralidad ideológica. Gracias a la acción legal de ACOM, 88 acuerdos institucionales antiisraelíes han sido anulados en España, 10 refrendados por tribunales superiores de justicia y por el Tribunal Supremo.
Dinero municipal para una operación opaca. El 15 de abril zarpó del puerto de Barcelona la Global Sumud Flotilla. El Ayuntamiento ha incrementado en un 60 % su aportación económica sin hacer pública la cuantía. ACOM ha denunciado los hechos ante el SEPBLAC por irregularidades financieras y exige a la Capitanía Marítima información sobre las inspecciones, certificados y seguros de un centenar de embarcaciones cuyo objetivo declarado es violar un bloqueo naval legal.
Coste internacional. Durante el conflicto entre Israel y Hamás, el Ayuntamiento de Barcelona colgó irregularmente la bandera palestina en su fachada, una decisión que no solo vulneró la legalidad vigente sobre el uso de símbolos en edificios institucionales, sino que, en pleno conflicto armado, solo podía interpretarse como una toma de posición a favor del grupo terrorista y abiertamente hostil al Estado judío. «Tuvo consecuencias: en agosto de 2025, Israel denegó la entrada a su territorio al alcalde Collboni, una medida ganada a pulso», defienden desde ACOM.
ACOM exige «que Collboni nombre el antisemitismo. Que el Ayuntamiento publique la cuantía destinada a la flotilla. Que cese la fijación institucional contra Israel ya sancionada por los tribunales. Que se proteja efectivamente a la comunidad judía catalana. Hoy son los judíos de Barcelona. Mañana puede ser cualquiera».
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