A Carlos Cuesta le conocemos, sobre todo, por su labor periodística, ahora desde la cúpula del grupo propietario de Esradio y Libertad Digital. Son años y años de tertulias, artículos y programas en el que ha defendido la ideología liberal frente a una izquierda que quiere imponer en España el clientelismo y la dependencia económica, pero siempre pegado a la noticia del día. De hecho, hasta en su faceta de escritor se ha hecho popular por sus libros políticos ligados a la actualidad más inmediata. Pero en «¡Viva el capitalismo, viva la libertad!» (Espasa) nos muestra su vertiente más analítica, y nos regala una apasionada defensa del sistema económico que más prosperidad ha proporcionado a la humanidad.
Cuesta desmonta todos los mantras de la izquierda anticapitalista, desde «el socialismo garantiza una mejor sanidad», el «la cultura es más accesible en un régimen socialista», «la sanidad universal y de calidad solo se puede desarrollar fuera de las normas del capitalismo», el «feminismo y capitalismo son incompatibles» o el no menos extendido «la educación universal y de calidad no se puede dar en un régimen capitalista».
El autor desmonta la propaganda anticapitalista analizando cada tema con mucho detalle, y aportando datos para defender las bondades del capitalismo frente a la propaganda de los que han hecho de su satanización un modo de vida. Y nunca mejor dicho, porque pocas cosas son más lucrativas en el mundo de la investigación social que ser anticapitalista. Ahí está como ejemplo el dominio absoluto por parte de lo peor de la izquierda de buena parte de las universidades, tanto públicas como algunas de las más adineradas del orbe capitalista.

Este libro no es solo una defensa apasionada del capitalismo como el sistema que más libertades y prosperidad ha procurado a la humanidad, es un auténtico tratado para aquellos que quieran combatir, con datos y argumentos, la propaganda de cierta izquierda que abomina del capitalismo para todos, porque quieren controlar la generación riqueza, para controlar la sociedad. Es mucho más que un argumentario para combatir el sanchismo y el podemismo que nos quieren empobrecer, dado que es un libro bien trabajado, pero también sirve para este fin.
Emociona la defensa apasionada que hace de la Escuela de Salamanca, que desde España, y en una etapa tan temprana como los siglos XVI y XVII, ya sentó la base de algunos principios fundamentales para la expansión y triunfo del capitalismo, desde la defensa de las libertades frente al poder absoluto del tirano, hasta la libertad de mercado y la libertad de precios basado en la oferta y la demanda – el «precio justo» -. El capitalismo no ha sido solo una obra de unos burgueses ingleses y norteamericanos ávidos de beneficio, ha sido una corriente de pensamiento con raíces no solo en el protestantismo, también en el catolicismo más preocupado por los derechos humanos – la defensa a ultranza de la dignidad humana por parte de la Escuela de Salamanca y su teorización sobre el ‘derecho natural’ es ejemplar -.
A lo largo del libro Cuesta argumenta, con muchos ejemplos y casos concretos, el porqué el capitalismo es el sistema que ha creado y consolidado la democracia en los países más prósperos del planeta. Demuestra, con pasión pero con datos, que sin capitalismo es muy difícil que perdure un sistema de libertades y no se caiga en un régimen totalitario en el que la dependencia del individuo respecto a la maquinaria del Estado le convierte en un esclavo, perdiendo la condición de ciudadano libre y con derechos. Y nos resulta más fácil entender porque Pedro Sánchez intenta dinamitar los mecanismos del libre mercado, para garantizar que el PSOE sea omnipresente por los siglos de los siglos al crear una España dependiente de las ‘paguitas’ que decida repartir entre sus súbditos.
«Quien no defienda la libertad nunca defenderá el capitalismo. Porque el capitalismo es asumir los resultados de los actos propios» es una de las tesis del libro. Otra es «el resultado final de las doctrinas anticapitalistas es la destrucción de riqueza de manera generalizada. Y eso tiene un nombre: pobreza». Porque Cuesta ha querido ser muy claro, no perderse con un lenguaje ampuloso e ir directamente el grano. Los rollos los deja para Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, tan tendentes a elucubrar atentando a la inteligencia de su audiencia. Este libro es clarito, se entiende lo que el autor quiere transmitir y aporta los argumentos y los datos para apoyar sus tesis. Perdonen que use tanto la palabra «datos», pero es que es la clave de esta obra: mucha chicha y poco perderse en las nubes.
De ahí que Cuesta denuncie, apasionadamente, «el mundo paralelo de la izquierda capitalista» y su «manipulación y tergiversación» promoviendo «campañas para negar lo evidente e intentar convencer al mundo de que lo mejor que le puede ocurrir es volver a la era de los siervos. Eso sí, siervos de un Estado controlado por ellos». Ahí está la clave de la izquierda que nos rodea, que no buscan emancipar a nadie, los quieren convertir en sus súbditos, en alguien que obedezca sin rechistar a cambio de la dádiva que el Estado concederá a quién acepte el nuevo orden ‘progresista’. Y también denuncia sus trampas, como la de provocar inflación para conseguir recursos para sus políticas clientelares de compra de votos.
Y es que Cuesta pone el dedo en la llaga cuando afirma que «al anticapitalismo le molesta muchísimo que en la sociedad haya ricos y adora que haya pobres, de manera que le dedica una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo a crear cada vez más pobres». El autor nos muestra, una y otra vez, como el capitalismo ha facilitado la alfabetización, la mejora del nivel de vida, el aumento de la esperanza de vida y un bienestar sin parangón en la historia de la humanidad. La conclusión del libro es simple: «Se trata de elegir: o bien libertad y capitalismo, o bien dictadura y anticapitalismo. No hay más opciones».
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