El verano siempre ha sido sinónimo de festividad, de días más largos y de atardeceres amenizados por el vaivén de las olas sacudiendo tímidamente la orilla. Esta estación para muchos también es equivalente a la introspección y a la ruptura con el estrés diario, por ello, la lectura se ha afianzado como una actividad habitual que disfrutar al aire libre.
De todos los géneros, el novelesco siempre ha tenido la capacidad de embelesar al gran público, haciéndole participe de historias que trascienden el espacio y el tiempo, trasladándolos a ambientes tan inverosímiles como la Italia del siglo XIV a ojos de Guillermo de Ockham, o al lejano planeta del imperio intergaláctico conocido como Arrakis. Sin embargo, en los últimos años se ha producido la proliferación de una temática de nicho hasta el momento: me refiero a los denominados libros de “autoayuda”. Este espacio literario ha encumbrado a autores como Anthony Robbins o Robert Green, repletos de mensajes motivacionales para las masas. Desde luego, no debería existir ninguna clase de prejuicio en que exista una mayor preocupación en el conjunto de la sociedad por la salud mental, una cuestión problemática que se saldó la vida de 4.097 personas víctimas de suicidios en nuestro país el pasado 2022. Pero: ¿Hasta qué punto estas obras velan por nuestro bienestar?
Haciendo un vistazo a uno de los grandes “hits” de este género, “Hábitos atómicos: Cambios pequeños, resultados extraordinarios” de James Clear, debemos replantearnos cuál es la finalidad de este tipo de escritos. El título resulta esclarecedor, el propósito del autor estadounidense es el de empoderar a los lectores a partir de un cambio completo de su rutina diaria. La obra de Clear no es un remedio contra la ansiedad o la frustración del ser humano moderno, sino más bien una herramienta para hacerlo productivo. Con este enfoque encontramos otras publicaciones como “El poder del ahora” de Eckhart Tolle o “12 reglas para vivir: Un antídoto al caos” de Jordan Peterson, libros que responsabilizan a miles de leyentes sobre el éxito conseguido a lo largo de su trayectoria vital.
La sociedad neoliberal del siglo XXI es aquella que sustituye la lucha de clases por la lucha interna del yo, convirtiendo al trabajador en su propio opresor. A su vez, es la que presenta el fracaso como motivo de deshonra ante la falta de voluntad por conquistar los anhelos personales. Escritores como los expuestos, ejercen de meros predicadores de un sistema que no admite crítica, capaz de condenar a millones de personas al ostracismo en virtud de la falta de ambición. La “autoayuda” da forma a la autoagresividad, el explotado abandona la mirada crítica para flagelarse.
Los consumidores de estas publicaciones se convierten en siervos de una religión tiránica, el Dios calvinista que procura bienestar a los que trabajan es hoy la promesa de un futuro de opulencia, envuelto de coches de alta gama y joyas. De mientras, jóvenes trabajando en Glovo y leyendo libros de cómo hacerse millonarios: ¡La maquinaria de este turbocapitalismo está bien engrasada!
La lectura es un espacio de libertad, pero debemos recuperar aquélla que potencia la belleza de lo contemplativo, que promueve la visión crítica de lo que nos rodea, sólo así podrá ser posible estar en paz con nosotros mismos y vivir una vida plena.
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