El Papa León XIV, según ha informado el Vaticano a través del Dicasterio para las Causas de los Santos, ha firmado este lunes el decreto de «martirio», por el que serán beatificados 49 religiosos y un sacerdote. Todos ellos fueron asesinados entre julio y noviembre de 1936 en la retaguardia de la Cataluña presidida por Lluís Companys.
Han sido reconocidos como mártires «por odio a la fe», dentro de la terrible «persecución» religiosa por la que fueron asesinados en Cataluña 2.437 religiosos y cuatro obispos. En España, en tres años, el republicano Frente Popular fue responsable de la mayor masacre de cristianos de la historia: fueron asesinados casi 7.000 religiosos, en una matanza que empezó ya en 1934 en Asturias con los mártires de Turón (un sacerdote y ocho Hermanos de La Salle).
El grupo forma parte de la causa de los conocidos como mártires gabrielistas —miembros de la Congregación de San Gabriel, fundada a comienzos del siglo XVIII en Francia—, que se dedicaban principalmente a la educación, especialmente de niños y jóvenes.
Fueron muy perseguidos durante la Revolución Francesa y, en 1903, con las leyes masónicas de Combes, fueron incautados todos sus bienes y expulsados de Francia, razón por la cual muchos de sus misioneros buscaron refugio en España, fundando su primera casa y colegio en Gerona, y luego en Malgrat y Canet de Mar, hasta que en 1915 adquirieron la espaciosa finca de «Can Valls», en el municipio de Sant Vicenç de Llavaneres o de Montalt, donde trasladaron su casa general en España, y en la que hasta 1936 recibieron su formación júniors, novicios y escolásticos.

La Congregación no tendría mucha suerte, pues durante la República ya empezaron a ser acosados en muchas de las poblaciones donde se encontraban. En Castelló d’Empúries, en el Ampurdán, su alcalde, Josep Bordas, de ERC, que era muy anticlerical y odiaba a los hermanos y a su escuela religiosa, no paró hasta que en mayo de 1936 (antes de que estallara la Guerra Civil) consiguió que se ordenara el cierre del colegio «San Gabriel» de la localidad, así como el arresto del hermano que lo dirigía, alegando que allí se propagaban antiguas ideas religiosas contrarias a las nuevas corrientes pedagógicas, por deformar las conciencias de los niños del pueblo y por distribuir folletos y revistas contrarias a la República.
Con el inicio de la guerra, a partir del 21 de julio de 1936, fecha en que por iniciativa de Lluís Companys se constituye el Comité Central de Milicias Antifascistas, la mayoría de cargos municipales fueron sustituidos por los comités revolucionarios locales. Y los anarquistas de la CNT-FAI, que eran los que en realidad habían derrotado al ejército en Barcelona, pasaron a tener un papel muy relevante en dichos comités.
En Castelló d’Empúries, el 22 de julio, el comité revolucionario local asaltó la iglesia y detuvo al vicario don Luis Frigola, capellán de los Hermanos Gabrielistas, y al sacerdote Tomàs Miralpeix, siendo ambos asesinados al anochecer. Poco antes de que incendiaran el colegio, el hermano director Juan de la Cruz, con sus dos hermanos de comunidad, los hermanos Alejandro y Saturnino, se refugiaron en la casa del médico y luego en la del ama del párroco, pero, ante el peligro que para esta comportaba, el 17 de agosto decidieron huir a pie, atravesando los Pirineos hacia la cercana Francia.
En esas fechas, un numeroso grupo de la FAI de Badalona se presentó en la plaza de la iglesia de Sant Vicenç de Llavaneres y saqueó el templo, procediendo a la destrucción y quema masiva de imágenes religiosas, muchas de ellas de gran valor histórico y artístico. Algunos vecinos, viendo los desmanes, lograron esconder al párroco y al vicario.

El 21 de julio de 1936, los anarquistas realizaron un primer registro en Can Valls. Los milicianos buscaban oro, dinero y objetos de valor. Y, aunque los gabrielistas habían enarbolado una bandera francesa a modo de protección, no sirvió de nada. Arramblaron con todo lo que pudieron, incluidos alimentos y animales de granja, que también eran un bien muy preciado de la finca. Tres semanas después, los milicianos de la FAI, con su jefe local, Toribio Martínez, y su acólito, apodado El Rata de Torrentbó, se presentaron de nuevo en Can Valls, establecieron un «impuesto revolucionario» en forma de pago en comida que los religiosos debían aportar semanalmente: seis docenas de huevos, un par de gallinas, un par de conejos y 200 pesetas semanales. Las inmediatas quejas del hermano Gabriel, ciudadano francés, al consulado francés de Barcelona hicieron que este emitiese un certificado sobre el origen francés de la congregación religiosa y también para actualizar los pasaportes de algunos hermanos franceses.
Ante el creciente peligro que se cernía sobre los religiosos, algunos huyeron y lograron salir por vía marítima hacia Francia, pero el grueso de la congregación se mantuvo en Sant Vicenç. El alcalde Josep Brunet (ERC), ante lo que estaba sucediendo, acabó firmando un documento por el cual se impedía cualquier nuevo registro que no estuviera autorizado por la Generalitat. Fue papel mojado, pues los miembros del comité revolucionario local (la auténtica autoridad real) continuaron con los registros y las incautaciones, hasta que el 7 de noviembre de 1936 un centenar de milicianos de la CNT-FAI tomaron la casa y, en un autobús, se llevaron presos a la checa de San Elías, una de las más terroríficas de Barcelona, a todos los hermanos mayores de 18 años (44, más el padre capellán). Los estudiantes más jóvenes fueron llevados a centros de asistencia social, y los más mayores permanecieron en «Can Valls», bajo el control de un comité revolucionario, dedicados a la explotación de la finca.
El lunes día 9, por mediación del consulado francés, cinco hermanos franceses fueron liberados y pudieron marchar a su país. El hermano Perbuyre dejará una memoria de lo vivido por los hermanos esos días previos a ser asesinados: humillación, violencia física, miedo constante a la ejecución, traslado a la checa…
Finalmente, 39 hermanos gabrielistas españoles y su capellán fueron asesinados pocos días después en el cementerio de Montcada (donde fueron asesinadas cerca de 1.300 personas, en su gran mayoría por patrullas de la CNT-FAI), y 10 hermanos más lo serían en otros lugares y fechas. Los gabrielistas (Hermanos de la Instrucción Cristiana de San Gabriel) contaban en España en 1936, en sus siete colegios, con 80 hermanos, de los que 49 iban a morir asesinados (un 62 % del total).
Salvador Caamaño Morado
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