155 light, muy light

He intentado aguantar un tiempo sin decir nada al respecto, con la expectativa de que el rodaje iba a ir a favor de obra y se conseguiría instrumentalizar la aplicación del artículo con la conveniencia exigida por los acontecimientos. Pero hoy, 8 de noviembre, con este circo en efervescencia absoluta y con todo el follón que están montando los amigos de las asociaciones inductoras del mal, que desgraciadamente mandan más que los políticos, no me puedo reprimir más.

¿Realmente podemos vanagloriarnos de lo que ha conllevado la puesta en marcha del 155?. Yo creo que no. No tengo claro que las cosas desde Madrid se vean igual que desde aquí. Y no veo un acierto que la aplicabilidad del artículo naciera con fecha de caducidad, al albur de una ajustada convocatoria de autonómicas que, desgraciadamente, creo que podría ser más madera para la fogata. Me hago cruces al pensar cómo ganar al independentismo disponiendo de 50 días de margen con el bombo, tanto aquí como en Bruselas, en máximos. Especialmente tras constatar que no se ha sabido paralizar el uso maquiavélico y torticero de la combinación explosiva de victimismo y mentiras, con alcance y ridículo internacional, que sigue fomentándose por parte de todos estos desquiciados.

Ahora bien, si se quiere ver el vaso medio lleno desde el Gobierno, pues vale. No hay duda de que a lo largo de estos días ha habido continuidad y cierta normalidad. Hemos de pensar que la gran mayoría de los que trabajamos realmente tenemos intención de que toda esta sinrazón no altere la cotidianidad doméstica. Pero han olvidado que es mucho más fácil el disfrute y participación en la “kale borroka”, con paros, instigaciones, manifestaciones o cortes de redes viarias, por parte de quienes parasitan sin oficio ni beneficio. Un colectivo que sigue campando a sus anchas generando más rencor y dilatando la brecha social, lo que considero el gran problema, sin que se haya hecho nada y aceptándolos, pese a su fanatismo manipulador, como parte del decorado.

Durante estos días hemos visto que el deseado 155 ha ido sumando frustraciones y evidencias de complejos por parte de los que lo han aplaudido en sus inicios. Hemos vivido con asombro como se decidía no meter mano a los medios de comunicación que alientan todo el entramado fascista-secesionista. Alucinamos viendo justificaciones de la situación en la Educación catalana sin reconocer que también es el gran origen del mal por su efecto adoctrinador e incitador del odio. Perplejos ante el endulzamiento de la situación de la Policía Autonómica que sigue abducida y condicionada por los sectores internos independentistas. Desconcertados al ver que se mira a otro lado ante el evidente derroche de recursos públicos para fines sectarios de estos sinvergüenzas. Pasmados ante la connivencia de los ayuntamientos y su parcialidad, etcétera.

De verdad que estoy muy harto de esperar una solución al tema, una vuelta a la normalidad, un transcurso de las semanas sin incidencias, el retorno del sentido común pagando las penas que, merecidamente, han opositado todos los actores –principales y secundarios- de este show separatista.

Incluso diría que no debemos descartar que, en el corto plazo, los acontecimientos sigan ahondando en la frustración de los que somos defensores de la Ley. Es posible que veamos a los encarcelados salir de rositas y, encima, que se les dé coba en “sus” medios para vender su “martirio”. Espero que no pase, pero conviene prepararse porque vivimos en un país donde abundan los apátridas permisivos y, por lo que parece, no hay claridad de miras para encontrar soluciones certeras.

Aunque lo mencionaba al comienzo, es muy preocupante que pongamos nuestras esperanzas en el 21D, teniendo en cuenta el reparto provincial de escaños en el Parlament y la sobrevaloración del voto independentista. Lo veo de un riesgo extraordinario. Tanto es así que hace comprensible la exigencia de legitimidad del resultado por parte del “frente de la inconsciencia”, siendo sabedores de que tienen la Ley electoral de cara. Espero que haya mucha cintura con los resultados derivados de esas elecciones y, en cualquier caso, no se legitime un gobierno autonómico que no se comprometa y asuma el cumplimiento de la legalidad (Constitución y Estatut).

Reafirmo la idea de que las medias tintas y los complejos a la hora de poner en marcha correcciones no son aconsejables. En este sentido, la digestión de la dispensa otorgada a los medios del Régimen y la falta de medidas correctivas en la Educación vaticino que será muy complicada y pasará factura. Podríamos correr el riesgo de que la sociedad acabe no entendiendo nada y pierda definitivamente la fe en la capacidad de los políticos para retornar el bienestar que proporciona la normalidad.

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