Todos sabemos que cuando te entra una piedrecita en el zapato el asunto puede ser llevadero o conflictivo, según el lugar en donde ésta decida ubicarse. De hecho, la situación puede ir derivando de comodidad a dolor en función de si decide irse moviendo de un lado para otro, ya sea: rasgando la piel del talón, dando un disgusto al pasar por la planta del pie o llegando a herir si se acomoda en el empeine o siente la presión de los cordones del calzado.
Me ha venido a la mente esta comparación al ver el mal trago que ha de aguantar el que fuese, en esto creo que no tenemos dudas, el gran inductor de los males que sufrimos en Cataluña. Sus palabras, ante los diputados autonómicos catalanes, fueron artífices de la explosión de fanatismo de los radicales separatistas con sillón en la cámara catalana creyendo posible su ilusión utópica.
Una situación que derivó, a la postre, con la famosa pantomima del ahora socio Puigdemont en 2017. Su golpe a la Constitución y la urgente escapada, como un verdadero cobarde en el maletero de un coche para librarse de la ley, con destino al protectorado belga, ya ha sido objeto sobrado de comentarios y escritos por mi parte. Huelga, por tanto, que haga más ruido de ese bochornoso momento, una angustia que tendremos que ir superando los catalanes de bien al sentirnos avergonzados por la conducta y el show de semejante payaso.
De momento, la piedrecita a ZP solo le ha entrado en el zapato. Resta por ver el alcance del dolor que le originará. Se avecinan muchas cabeceras en las noticias y titulares en los periódicos. El camarada Zapatero es consciente de que, posiblemente, vaya a salir a la luz todo un entramado que, quién más quién menos, desde fuera se valoraba como una posibilidad que solo estaba pendiente de que llegase su momento para ser de conocimiento público.
Zapatero, con su aceptación parlamentaria “de pulpo como animal de compañía”, al dar coba a la decisión que fuese adoptada por el Parlament con las nuevas condiciones de legalidad estatutaria, abrió la caja de Pandora y consiguió que los catalanes de bien, realistas y que quieren a su verdadera nación que no es otra que la española, se sientan abandonados y pisoteados por el ensoberbecimiento, sectarismo y fanatismo de esa minoría social que se creyó aquello del helado de postre a diario y que íbamos a vivir en un paraíso de consumarse la patética y ridícula independencia. Ese fue el punto de partida de la ruptura social que aún sigue latente en Cataluña, quedando perfectamente definido el verdadero culpable de su origen.
Ahora, todavía digiriendo el mal generado por las decisiones adoptadas por ese personaje en su etapa y condición de presidente del Gobierno –hay que ver lo poco exigente que es la política española para que una persona de esta índole acabe en tal cargo-, salen a la luz todas esas derivaciones de difícil encuadre legal que ponen el foco en la sospecha, por lo visto con evidencias claras, de la posibilidad de tráfico de intereses, de dineros con difícil explicación en su uso y destino, además del aprovechamiento de su condición de expresidente para lograr todas esas metas propias de una mente egocéntrica, vanidosa, necesitada de poder y ansiosa de royalties.
El eslabón previo al sanchismo, antes de que surgiese el nuevo espécimen que ha superado, con creces, al que parecía un ser irrepetible, se ve contra las cuerdas por sus ansias e intereses espurios. No hay conmiseración posible para este clon de Mister Bean. Un personaje que, al margen de la natural defensa a ultranza de los suyos -en un PSOE invadido por la corrupción-, además del consabido apoyo incondicional de todos esos regímenes políticos en los que la libertad y la democracia están más que en duda y a los que ZP ha respaldado -con especial significación la Venezuela chavista que tanto le idolatra-, al resto nos tiene con la mosca detrás de la oreja al dar cierto crédito a ese probable enriquecimiento ilícito y el desvío de recursos para intereses personales. Si obviamos la salida en tromba del sanchismo, como siempre que les afecta en contra de los jueces y de su neutral trabajo, podemos ilusionarnos con un final de la historia como merece la situación sin importar la condición del afectado.
Por si sirve de algo, en mi modesta contribución que doy por sentado es innecesaria sabiendo que los investigadores son muy inteligentes y cuidadosos, parece interesante y clarificador el necesario análisis pormenorizado de las entradas y salidas en el balence y las cuentas de la empresa (por no decir tapadera), que es titularidad de las góticas que dieron color –negro- a aquella foto familiar con la pareja Obama.
Los jueces, en su fallo a futuro, pueden liberar del dolor en los pies al que de momento es simplemente imputado, invitándole a que cambie sus zapatos por esos cómodos patucos -algo peliculero, lo sé- que le se dan al reo en la entrada al calabozo. Ya veremos el alcance de todo este previsible culebrón, y la verdadera valentía del sistema judicial, ante la más que probable intromisión de la mafia en el poder para contrarrestar lo que puede llegar a suceder.
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