Fallecido hace pocas semanas, Lluís Duch fue un eminente antropólogo que perteneció más de medio siglo a la comunidad de Montserrat. Ajeno a la ideología nacionalista, el destino de los seres humanos era para él ir hacia la hospitalidad. No veía posible llegar a Dios sin la praxis de la misericordia, que supone transmitir familiaridad y “no hacer sentirse extranjero a nadie”.
La posición de quien ‘está en casa’ y rechaza dar a los demás un trato malvado, indiferente o paternalista. En su libro póstumo Sortida del laberint (Fragmenta Ed.), Duch describe su propia vida intelectual.
Estudió varios años en Alemania y siempre fue consciente de la importancia de la transmisión cultural y de sus articulaciones. Dedicado al análisis del hecho religioso y del misterio de Dios, denunciaba la utilización perversa de lo sagrado como forma política. De la abadía ‘Maria Laach’, que siempre tuvo relaciones estrechas con Montserrat, señala su adhesión al ideario nazi. En la era del Führer, algunos monjes, dice, llevaban bajo el escapulario una cruz gamada.
Duch sostiene que al estudiar bachillerato, el profesor Reglà le dijo que no se creyera nada del libro de Historia que tenían. ¿Les suena? Vivir es ver volver.
[campana]
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