Sostiene Hannah Arendt

Hannah Arendt (1906-1975) es una pensadora muy interesante, seria y de firme personalidad, responsable y coherente con la condición humana. Era alemana y hebrea, y siempre denunció la mentira organizada que busca destruir todo aquello que molesta a unos poderosos.

Veía la pasión por la objetividad como indicio de integridad intelectual, “sin ella jamás habría nacido ninguna ciencia”. En Tradición y política (Trotta) se recogen las cartas que se cruzó durante veinticinco años con el profesor sionista Gershom Scholem. Eran amistosas y propias de colegas, pero el sectarismo y la dureza quebraron aquella relación.

Al acabar la Guerra Mundial, Scholem censuró a Arendt sus criterios, y se reivindicó segregacionista y nacionalista. Ésta le replicó: “no puedo impedirle que sea nacionalista, aunque tampoco puedo ver por qué está usted tan orgulloso de ello” y denunciaba que el fanatismo y la defensa contra las realidades iban de la mano.

El remate se produciría en 1963, por la campaña contra los artículos de Arendt sobre el nazi asesino Eichmann. Hannah sostenía que ella no ‘amaba’ a los judíos ni ‘creía’ en ellos, simplemente lo era de forma natural. “Amo tan solo a mis amigos” y “no me amo a mí misma ni a aquello que de alguna manera pertenece a mi sustancia”.


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