La llegada de David Quirós a la alcaldía de L’Hospitalet de Llobregat prometía una renovación que, a la hora de la verdad, se ha quedado en una preocupante continuidad de la dejadez socialista. Bajo su mandato, la segunda ciudad de Cataluña ha consolidado una deriva de inseguridad que no es una percepción, sino una realidad cotidiana para miles de vecinos. El miedo se ha instalado en barrios como Pubilla Cases o la Florida, donde el espacio público ha sido cedido a la impunidad de bandas que campan a sus anchas ante la impotencia de una Guardia Urbana desbordada.
La gestión de Quirós se ha caracterizado por una alarmante falta de autoridad y una incapacidad manifiesta para frenar la proliferación de bandas de delincuentes. Ya no hablamos de pequeños hurtos, sino de enfrentamientos violentos, reyertas con armas blancas y un control territorial por parte de grupos organizados que desafían abiertamente la convivencia. Mientras el alcalde se pierde en retórica sobre la «cohesión social», la realidad en las calles es la de unos vecinos que evitan ciertas plazas al caer el sol y que ven cómo el portal de su casa se convierte en escenario de delitos.
El modelo del PSC en L’Hospitalet, ahora personificado en Quirós, ha priorizado durante años el buenismo institucional por encima del orden público necesario para cualquier democracia. La degradación de los barrios es el síntoma de un Ayuntamiento que ha dimitido de sus funciones más básicas, dejando a las familias trabajadoras a merced de quienes no respetan ley alguna.
Es indignante observar cómo, fin de semana tras fin de semana, la crónica de sucesos se llena de incidentes que el equipo de gobierno intenta minimizar bajo la etiqueta de «hechos aislados». Para el vecino que sufre el ruido, las amenazas y la violencia bajo su ventana, no hay nada de aislado en una inseguridad que se ha vuelto estructural. Quirós parece vivir en una ciudad distinta a la que sufren sus ciudadanos, más preocupado por la propaganda oficial que por reforzar unos efectivos policiales que se sienten abandonados por su propio mando político.
La inseguridad ciudadana es la mayor forma de desigualdad, pues castiga con más dureza a quienes no pueden permitirse seguridad privada ni vivir en zonas residenciales blindadas. Al permitir que las bandas se adueñen de las calles, el alcalde está traicionando el contrato social con los ciudadanos de L’Hospitalet. La libertad se pierde cuando el miedo decide por dónde puedes caminar, y hoy, lamentablemente, David Quirós es el máximo responsable de que la ciudad haya retrocedido décadas en términos de tranquilidad y orden.
L’Hospitalet necesita un cambio de rumbo urgente que recupere el principio de autoridad y devuelva los barrios a sus legítimos dueños: los vecinos. No se puede gobernar una ciudad de esta complejidad desde la complacencia o el miedo a ser tildado de «duro». Si David Quirós no es capaz de liderar una ofensiva real contra la delincuencia organizada y las bandas que asfixian la convivencia, su legado será el de haber convertido una ciudad con potencial en un feudo de inseguridad y decadencia bajo las siglas del PSC.
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