Badalona respira un aire de alivio que hace poco parecía impensable. Durante años, los vecinos de varias zonas de la ciudad sufrieron un auténtico infierno debido a la impunidad con la que operaban mafias de la okupación y delincuentes multirreincidentes. La parálisis de los anteriores gobiernos de izquierda, atrapados en la condescendencia y la burocracia ideológica, convirtió barrios enteros en zonas de miedo y degradación.
Hoy, bajo la gestión directa y sin complejos de Xavier García Albiol, la legalidad empieza a imponerse sobre el caos. El punto de inflexión definitivo llegó hace apenas unos meses con una intervención contundente en el antiguo instituto Badalona 9. Aquel recinto, convertido en un enorme asentamiento ilegal donde malvivían cientos de personas, se había consolidado como un foco insostenible de delincuencia, venta de drogas y violencia extrema.
Los residentes del entorno soportaban diariamente altercados y robos, bajo la constante amenaza de una marginalidad que la inacción institucional no hacía más que alimentar. El operativo de desalojo coordinado por el Ayuntamiento devolvió la dignidad al barrio y demostró que la propiedad pública no puede ser un refugio de ilegalidad. La contundencia contra estas actividades ilegales es la respuesta lógica que exigen los ciudadanos de a pie.
Mientras los partidos separatistas y populistas culpan de forma perversa a las víctimas e intentan cronificar el problema bajo el paraguas de las ayudas sociales infinitas, el actual gobierno municipal corta de raíz el problema. No hay justificación alguna para mantener con fondos públicos a colectivos conflictivos que destrozan la convivencia. La firmeza exhibida en estos últimos meses evidencia que la primera función de un gobernante es proteger a quienes cumplen las normas.
La laxitud del código penal en España ampara al delincuente, obligando a los alcaldes a un sobreesfuerzo diario para evitar que las calles se conviertan en territorio sin ley. Badalona combate esa permisividad y ha optado por limpiar las zonas conflictivas e inutilizar espacios que servían de base para los delincuentes, instalando incluso barreras físicas en los antiguos focos de conflicto.
La seguridad en las calles no es una opción debatible, sino un derecho fundamental que la izquierda suele descuidar en su agenda de prioridades. La experiencia en Cataluña demuestra que allí donde las administraciones flaquean, las mafias se expanden con rapidez y audacia.
Esta batalla diaria contra la reincidencia delictiva y los asaltos a la propiedad privada es una prioridad indiscutible para Albiol. La labor del consistorio se centra en dotar de mayor presencia policial a los núcleos urbanos, arrebatando el espacio público a quienes pretenden vivir al margen del sistema. Cuando el orden se impone con determinación, la delincuencia retrocede.
Badalona se ha convertido en el espejo donde mirarse para recuperar el control frente a la degradación urbana en España. Los vecinos de los barrios más humildes son los principales beneficiados de este giro político, demostrando que la seguridad es el verdadero pilar del bienestar social.
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