El panorama político en Cataluña vuelve a agitarse a un año de las elecciones municipales. El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha lanzado una ofensiva directa contra el Govern de Salvador Illa durante un encuentro de cargos locales de esta formación en Vilafranca del Penedès. La formación separatista busca rentabilizar el desgaste de los socialistas, utilizando como ariete la compleja situación judicial que rodea al entorno de la Moncloa, y así intentar paliar el desastre que se les avecina ante el empuje de Aliança Catalana.
El principal reproche de la oposición de Junts se centra en la parálisis institucional que sufre Cataluña. Para Junts, el ejecutivo de Illa actúa más como un escudo protector de Pedro Sánchez que como un verdadero motor de gestión para la comunidad. Esta actitud de subordinación a Madrid, según denuncian, deja en un segundo plano los problemas reales de los ciudadanos.
La crítica se vuelve especialmente dura al vincular la acción del Govern con los escándalos que salpican al PSOE a nivel nacional. La estrategia socialista de priorizar el mantenimiento del poder a cualquier precio pasa factura a la credibilidad de sus instituciones. Se percibe una preocupante falta de ambición de país, sustituida por el mero cálculo de supervivencia política.
Esta dependencia de la Moncloa coloca a Salvador Illa en una posición de debilidad parlamentaria evidente. El Ejecutivo catalán prefiere evitar cualquier fricción con el Gobierno central, incluso si eso significa gobernar de espaldas a la mayoría de la cámara autonómica. El resultado es una acción política bloqueada y temerosa de contrariar las directrices de Ferraz.
El municipalismo de Junts intenta presentarse como la alternativa de orden frente al desgobierno de las fuerzas de izquierda. La formación de centroderecha catalana busca recuperar el terreno perdido reivindicando la política de proximidad y el pragmatismo económico. El objetivo es contrastar su labor con el sectarismo partidista que atribuyen a los alcaldes del PSC.
Pero lo tiene imposible por su sumisión a los socialistas, tanto en el Congreso como en Cataluña – recordemos que Junts ha sido el principal sostén de los alcaldes socialistas de Lérida y Tarragona -. La carrera hacia los comicios locales ya ha comenzado y la debilidad del bloque socialista será el blanco de todas las críticas, aunque será difícil que Junts pueda detener la ola desafección de muchos de sus votantes por su apoyo a Pedro Sánchez y al PSC.
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