De origen vizcaíno por línea paterna, era gaditano y coronel del Ejército. En 1782, con 40 años de edad, José Cadalso murió junto al peñón de Gibraltar. Es un escritor que ha pasado a la historia de la literatura. Entre otras obras, es autor de las célebres Cartas Marruecas (publicado de forma póstuma y por entregas en un periódico, traducidas al inglés y al francés) y Eruditos a la violeta.
En esas cartas latía el afán de promover una España mejor, más culta y más inteligente. Hay que ir a lo sustancial, alejarse de las apariencias y huir de la ‘epidemia de la imitación’. El objetivo es ser hombre de bien y no hay término medio entre serlo y no serlo.
Como ilustrado, Cadalso tenía conciencia de que era imposible cambiar completamente la sociedad, y no creía que la ciencia fuese omnipotente. Debía de considerar lo que Julián Marías denominó dos siglos después, el entusiasmo escéptico ante la realidad. Cadalso llamaba violetos a los falsos eruditos: hombres vanos con exterior de sabio. Y sostiene que siempre están presentes en todo lugar y tiempo.
Antes no se podía ser sabio: “sin esconderse de la gente (…), hablar poco y siempre con voces facultativas, aun en las materias más familiares”. ¿Y ahora?
[campana]
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