Hay muchos nombres que merece la pena conocer por sus ideas y trabajos. Aby Warburg fue un historiador del Arte, especializado en el Renacimiento italiano. Nacido en Hamburgo, en 1866, procedía de una familia de banqueros. Su biblioteca constaba de 60.000 volúmenes que, a su muerte en 1929, fueron trasladados a Londres al igual que el Warburg Institut, lejos de la sombra ominosa que asomaba en su país.
Con 29 años de edad viajó a Norteamérica, con motivo de una boda familiar. Se quedó seis meses para visitar Nuevo México y asistir a los rituales de los indios hopi. Indagó concienzudamente sobre la supervivencia de la Antigüedad en el Renacimiento. Él se consideraba un sismógrafo del alma, situado en la frontera de varias culturas.
El escrito Recuerdos del viaje al territorio de los indios pueblo en Norteamérica (Siruela) recoge una conferencia suya sobre el ritual de la serpiente, símbolo de la metamorfosis y del intercambio que es toda vida.
Warburg sostenía que este reptil se asemeja al rayo, en cuanto a su peligrosidad y a que su movimiento es enigmático y no tiene bien definido su principio ni su final. La invocación india a la serpiente se orienta a la llegada del rayo, el anuncio de una lluvia salvadora para las cosechas de maíz y de melocotones.
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