Yo seguía el deporte. Yo seguía al Barça

Hace tiempo que he aprendido que la vida está llena de decepciones y que poco a poco van mermando las ilusiones cuando aparece la realidad, pero siempre creí que algunas cosas son inalterables en la vida como son por ejemplo las simpatías y apoyo a un equipo de fútbol. Pues no. Desde mi tierna infancia en que jugaba con chapas y cromos, mis héroes eran Kubala y tantos otros luciendo las camisetas blaugrana y a pesar de ser un club fundado por un suizo y llevar en su escudo la cruz helvética, era mi equipo, catalán como yo, y así lo defendí y me acompañó en mis largos años viviendo en Madrid y en el extranjero.

Mi sentimiento actual debería ser idéntico después de tantos años pero mis emociones están estos últimos tiempos sufriendo agresiones continuas y profundas que, mucho me temo, van a acabar con una de mis más antiguas ilusiones y firmes convicciones, lo cual me entristece sobremanera.

Los actuales dirigentes de mi tierra, Cataluña, no me representan ni gobiernan para mí, si es que algo gobiernan, simplemente porque como la gran mayoría del pueblo catalán ni quiero ni necesito separarme de España, donde he crecido y he contribuido con mi esfuerzo a la prosperidad que hemos alcanzado. Me siento un bicho raro en tierra hostil cuando debería ser precisamente al revés, pero aquí se sirve y alimenta tan solo a unos pocos aunque yo piense seguir en defensa de mis convicciones y nadie me va a manipular y mucho menos echarme de mi casa y de mi tierra.

Y ahora resulta que mi equipo de siempre juega en un gran foro, que también es mío, que llenan de ‘esteladas’, una bandera que no es la mía y es ilegal. Eso sí, portada por sonrientes turistas chinos a los que se la regalan a la entrada. Además el club como institución se adhiere al pacto nacional por el referéndum.

Como decía las emociones históricas tienen un límite y quizás las decepciones son infinitas y ahora debo reconocer que aunque el equipo siga siendo mi equipo, el club ya no es mi club, ni admito a la Junta y mucho menos la cobardía y sumisión de su Presidente.

Puede que con estas esperpénticas posiciones perdamos el tren de los grandes equipos referentes de España y de Europa. Dicen que cada uno encuentra el destino que ha buscado pero éste solo lo desean unos iluminados que van a acabar con las ilusiones y emociones de mucha gente. Solo pienso que siempre nos quedará como solución que el Camp Nou lo llene Bruce Springsteen, Madonna o los Rolling Stones.


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