El sesgo político y mediático en Cataluña vuelve a estar sobre la mesa. La presencia constante de representantes públicos en los actos del FC Barcelona contrasta de forma llamativa con la ausencia casi total en los palcos y eventos del RCD Espanyol. Una actitud motivada por el cálculo electoral, pero que evidencia una falta de visión estratégica preocupante.
Ser aficionado de un club no justifica el rechazo ni la indiferencia hacia los demás. La obligación institucional de los representantes públicos y de los medios de comunicación es tratar con dignidad a todos los clubes del territorio. Un principio que no solo afecta al Espanyol, sino también a entidades históricas de otros deportes como el Joventut de Badalona.
Un reparto de atención desproporcionado
La cobertura mediática refleja este mismo desbalance. Es habitual encontrar informaciones con un buen número de páginas dedicadas a la actualidad azulgrana, mientras que el espacio reservado al Espanyol se reduce al mínimo. Informar mejor y con más respeto sobre el club perico no resta valor a nadie; al contrario, enriquece el panorama deportivo.
Existe una especie de competición absurda por ver quién demuestra mayor fervor culé. En esa carrera, algunos entienden erróneamente que reafirmar su postura exige dar la espalda o mostrar rechazo a entidades vecinas. Menospreciar a un club de tu propia ciudad no es una muestra de compromiso deportivo, sino un error de bulto que indigna a miles de aficionados.
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