Esquerra Republicana de Catalunya arrastra un bagaje ideológico y doctrinal convulso. Desde las formaciones de sus juventudes en la década de mil novecientos treinta hasta las dinámicas actuales, la trayectoria de este partido separatista ha dejado momentos controvertidos en el mapa político catalán. Las juventudes de Estat Català, uno de los partidos fundadores de ERC, llevaban uniformes muy parecidos al de las juventudes hitlerianas del partido nazi alemán.
El legado de algunas de sus figuras clave resulta revelador. Heribert Barrera, quien ocupara la presidencia del Parlamento autonómico tras la Transición, dejó escritas afirmaciones explicitamente segregacionistas sobre diferencias genéticas entre poblaciones e incluso postulados sobre eugenesia, sombras que el relato oficial suele pasar por alto. Llegó a decir que “en América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos”. También defendía que “se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético”.
La historia reciente de la formación también cuenta con episodios marcados por la excentricidad y las concesiones al radicalismo. Josep Lluís Carod-Rovira, durante su etapa en el Gobierno catalán, protagonizó un sonado encuentro en Perpiñán con la cúpula de ETA para negociar un cese de atentados circunscrito al territorio catalán.

Aquel periodo al frente de las instituciones autonómicas dejó patente una forma de ejercer la política alejada del pragmatismo. El propio Carod-Rovira desató encendidas polémicas mediáticas en sus desplazamientos oficiales, mientras que otros cuadros dirigentes del partido procedían de organizaciones terroristas disueltas como Terra Lliure.
En el clímax del proceso separatista, la retórica excluyente volvió a situarse en el centro del discurso parlamentario y social. Representantes del ámbito independentista como Carme Forcadell llegaron a cuestionar la pertenencia al «pueblo catalán» de los votantes de formaciones constitucionalistas de centro y derecha.
Las expresiones de beligerancia verbal no fueron aisladas. Dirigentes autonómicos posteriores mantuvieron una línea de presión directa sobre los cargos institucionales, apelando a métodos expeditivos e intimidatorios para forzar el cumplimiento de la agenda unilateral. Incluso Oriol Junqueras avivó la controversia al argumentar en prensa escrita supuestas diferencias y proximidades genéticas entre poblaciones europeas. Un tipo de discurso de corte biologicista que resulta difícilmente encajable en el marco de la socialdemocracia moderna.
La deriva histórica de Esquerra demuestra que la moderación suele ser solo una fachada temporal. Las contradicciones internas y las pulsiones radicales de sus cuadros dirigentes terminan siempre aflorando, dejando en el aire la viabilidad de cualquier proyecto político compartido.
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