Y Pilatos-Colau se lavó las manos

Nada como un tópico literario para explicar las acciones de los seres humanos en su devenir político.

Era evidente que ante la crucifixión de la democracia, la ejecutoria (1-O) del “derecho a decidir” en los términos que planteaba el nacional-secesionismo era un cáliz que podría envenenar a los “Comunes” y había que apartarlo. Había que hacerlo sin mancharse las manos o manchándose lo mínimo y lavándoselas inmediatamente.

Además tal acto permite crucificar a los buenos ladrones. Crucificar o eliminar como alternativas futuras: El Coscu a un lado y la izquierda no nacionalista al otro.

Se veía venir, se alarga la escena…, que si yo ahora digo que no cedo los colegios para salvaguardar los derechos de los funcionarios; que sí, que yo iré a votar…. mareando la perdiz hasta encontrar el sistema de inhibición interesada.

El Consorcio de Educación de Barcelona tiene su suigéneris, no es un 60/40 como si de acciones en una S.A. se tratara, no. El Ayuntamiento es propietario de los colegios, de los edificios y es quien pone el personal de mantenimiento: conserjes, limpieza, etc. La Generalitat pone el profesorado y la dirección, además de los costes económicos de la enseñanza –escuálidos presupuestos, creo recordar de mi época de presidente del APA-.

Con la asunción de la presidencia del Consorcio por la Consellera de Enseñanza y la firma de un supuesto acuerdo que la exonera de responsabilidades culmina el acto de enjuague de manos de Colau-Pilatos. Es el arte de nadar y guardar la ropa: apoyar el “derecho a decidir” pero este no, “este solo es un paso más hacia el autentico, el que traeremos nosotros”, parece decir.

Las autodenominadas nuevas formaciones políticas tienden a caer en tópicos literarios tan antiguos como la biblia –conste que soy ateo-.

Extraño juego al que se presta Puigdemont: salvar la cara de Ada Colau. O no tan extraño, ya que asegura su apoyo y el de Podemos en el Congreso de los Diputados y, sobre todo, evita el peligro de un frente democrático ante el secesionismo. Hasta Mao lo tuvo claro frente a los japoneses (Rodríguez de la Borbolla en El País).

Cree Pilatos-Colau que esa falsa equidistancia entre el secesionismo y el “unionismo” le permitirá, en un futuro, acceder a una mayoría electoral que le permita el asalto a los cielos de la Generalitat. Su pretendido juego, nacionalismo y reivindicación social, le permite ciertamente mantener en su seno (electoral) a muchos nacionalistas con sentimientos de izquierda. Pero la gran base sociológica del proyecto Colau no es nacionalista -por obrera y por charnega- y por ahí se le irá vaciando el cántaro. No es nada nuevo, le pasó a ICV y al PSC. Solo hay que mirar los resultados electorales de los últimos años. Sobre todo en autonómicas. En las generales tapan su nacionalismo y solo hablan de temas sociales lo que, hasta ahora, les ha salvado.

Pero el problema es que mientras tanto está alimentando al monstruo del secesionismo y sabe que después del 1 de octubre habrá, más pronto que tarde, elecciones y que los “Comunes” serán parte esencial para mantener el pulso, el procés.

Desde la transición construir una propuesta de izquierdas que sitúe al nacionalismo en su sitio, en la derecha, es un imposible. Colau, en ese sentido, es un personaje más al servicio de un proyecto para copar las direcciones de los partidos de izquierda de fervientes defensores del nacionalismo catalán. Los pocos cuyo apellido se salía de la norma cumplieron, a su pesar, el papel que el nacionalismo les reservó. Recuérdese al entrañable López Raimundo reflexionando sobre lo impropio de que un aragonés liderase el que en aquel momento era el primer partido de la izquierda en Cataluña, o a Montilla presidente despreciado por el nacionalismo, pero paradigma del charnego agradecido –que buen vasallo si hubiera buen señor-.

Si al PSC se le cayeron los michelines nacionalistas aun renquea con la idea de un referéndum con garantías democráticas, cuando la única garantía democrática es la soberanía de todos los españoles. Lo de los “Comunes” es una profundización en la contradicción.

Con todos estos posicionamientos se quiere instaurar una post-verdad: la inevitabilidad de un referéndum en Cataluña, como si de un principio democrático se tratara. Como si la democracia fuera algo banal, adaptable a los deseos de grupos con conciencia de diferencia. Extraña cosa que suele suceder en comunidades ricas y es que lo que genera más diferencias entre los humanos es la economía; ni la lengua, ni la cultura.

La diversidad es un hecho a cuidar. El fin último de toda lucha social justa ha de ser la igualdad. No cabe en la izquierda la lucha por la secesión de Cataluña, eso es su desnaturalización. Colau olvida a Pilatos y mete las manos en la masa.

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