Es una vergüenza que Esquerra Republicana haya pactado con el PSOE atacar la capacidad que tiene la Comunidad de Madrid para fijar tributos. Y lo es porque Cataluña es un infierno fiscal, gracias a la voracidad fiscal del separatismo.
La Generalitat podría aplicar las mismas ventajas fiscales que tiene Madrid, pero no lo hace porque los partidos independentistas necesitan sangrar al máximo a los catalanes para mantener los chiringuitos que le permiten mantener el ‘procés’ bien vivo.
Mientras ERC y Junts per Catalunya derrochan millones y millones de euros en TV3, la NASA catalana, el Diplocat, en subvencionar entidades pancatalanistas en otras comunidades autónomas y en Francia, se dedican a quejarse del «dumping» fiscal de Madrid. Solo un ejemplo: los medios de comunicación de la Comunidad de Madrid cuestan unos 83 millones de dinero público, los de Cataluña más de 240 millones.
El «dumping» fiscal es el de Aragonès, Puigdemont, Torra, Junqueras y el resto de dirigentes secesionistas que llevan años sangrando a la economía catalana para engrasar su maquinaria clientelista. Gracias al «dumping» fiscal de la Generalitat Toni Soler consigue sustanciosos contratos en TV3, el número de asesores y cargos de libre designación es cada día más alto y no faltan las subvenciones a la prensa ‘amiga’.
Si el gobierno autonómico catalán quiere competir con el madrileño, que no se dedique a ahuyentar a empresas incitando a los más violentos a «apretar» y a quemar contenedores. Que no se dedique a amenazar con más impuestos a los contribuyentes. Que no se dedique a malgastar el dinero público en propaganda secesionista.
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