Cuando el PSOE decidió entregar la gobernabilidad del país a los partidos separatistas para conservar el poder a cualquier precio, no solo asumió sus exigencias políticas. En el camino, la formación socialista terminó copiando los métodos de sus socios más radicales. Resulta paradójico que el partido que más tiempo ha gobernado en España y que más ha contribuido a diseñar el actual marco legal encabece hoy el desprestigio de los tribunales. Quienes levantaron el edificio judicial se dedican ahora a minar sus cimientos desde las propias instituciones.
El término lawfare se ha convertido en el comodín preferido de los socialistas y de sus aliados de extrema izquierda. Cada vez que la justicia actúa, el relato oficial apela a una supuesta persecución política. Ocurre con las investigaciones que salpican al entorno más cercano del presidente, como los casos de Begoña Gómez o David Sánchez, pero también con la trama que afecta a exaltos cargos de la formación como Koldo García, Santos Cerdán o José Luis Ábalos. Para el Gobierno, la independencia judicial solo es válida si les favorece.
Esta doble vara de medir evidencia la hipocresía del discurso oficialista. Cuando la resolución judicial afecta a un rival del Partido Popular, la izquierda no duda en aplaudir el trabajo de los tribunales. Conviene recordar que la moción de censura que catapultó a Pedro Sánchez a Moncloa se fundamentó en una frase del juez José Ricardo de Prada en la sentencia de la Gürtel, una afirmación que más tarde fue descalificada por el Tribunal Supremo. En aquel momento, nadie en el PSOE ni en su órbita mediática habló de cacerías judiciales ni de complots en la sombra.
Ahora que los escándalos salpican de lleno a la gestión socialista, los ataques a la magistratura se han vuelto diarios y descarnados. La estrategia no es nueva, sino un calco de las tácticas empleadas por el independentismo durante los momentos más duros del proceso separatista catalán. Las presiones y descalificaciones personales que hoy sufre el juez Peinado son idénticas a las que en su día tuvo que soportar el juez Llarena.
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