Girona se adentra en un terreno pantanoso. La salida de Junts del gobierno municipal ha dejado temblando la gobernabilidad de la ciudad, en manos del separatismo más asilvestrado. El alcalde, Lluc Salellas, de la CUP, se enfrenta ahora a un panorama de absoluta debilidad institucional que amenaza con paralizar la gestión diaria del consistorio.
Esquerra Republicana no ha tardado en reaccionar ante este escenario de debilidad de sus socios de gobierno. Los republicanos han marcado territorio de forma inmediata y han advertido a la CUP que la marcha de los posconvergentes lo cambia todo. La formación ya presiona públicamente al alcalde para imponer sus propias condiciones si quiere que sigan sosteniendo su ejecutivo.
En un comunicado emitido este martes, ERC ha calificado la nueva situación de «incertidumbre institucional». Sin embargo, lejos de arrimar el hombro de forma incondicional para salvar la estabilidad de Girona, han optado por la ambigüedad calculada. El partido ha avisado que analizará con lupa cualquier propuesta que Salellas les ponga sobre la mesa en las próximas fechas.
La primera exigencia de los republicanos pasa por una remodelación profunda del cartapacio municipal. Exigen un nuevo reparto de poder y competencias para compensar la salida de los concejales de Junts. Con este movimiento, ERC intenta ganar un peso político que las urnas no le otorgaron del todo, estirando la cuerda de la negociación.
Para ERC, la crisis de gobierno actual solo evidencia problemas internos que, según denuncian, vienen de lejos. Sostienen que el funcionamiento del Ayuntamiento arrastra carencias graves que el alcalde de la CUP no ha sabido resolver. Unas críticas que demuestran la desconfianza mutua que impera entre los socios de la izquierda independentista.
A pesar de la evidente tensión, ERC se ha puesto «a disposición» para negociar una salida viable a la crisis. Prometen buscar soluciones para lograr una Girona «más gobernable», asumiendo un rol de supuesta moderación y responsabilidad. Una declaración de intenciones que choca con la inestabilidad real que sus propias exigencias generan en la práctica.
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