En Cataluña la palabra “gestionar” no está de moda, porque los partidos nacionalistas cambiaron el gobernar por el continuo desafío a las instituciones comunes de todos los españoles.
Es muy cómodo, porque así no se asume ninguna responsabilidad. Todos los problemas son culpa de “Madrid” que nos “impide desarrollarnos como pueblo”, y si se consigue la secesión “nos irá mejor, porque nosotros sí que sabemos gobernar”. Estos son sus mantras.
Pero no lo demuestran, porque en las competencias que tienen asignadas los secesionistas fracasan. Así está la Sanidad o la Educación, con los funcionarios protestando por la falta de recursos y los recortes.
Otro ejemplo: mientras el Ayuntamiento de Barcelona se pasa el día dudando sobre si apoyará o no el desafío secesionista, y mientras la consejería de Interior del Govern basa su máxima preocupación en que los Mossos permitan las ‘acciones’ incívicas de los autodenominados CDRs la delincuencia campa a sus anchas y los conflictos sociales aumentan. Por no hablar de los narcopisos. O del aumento de la pequeña delincuencia.
Los gobiernos, sea cuál sea su ámbito territorial, local, autonómico o general, han de gestionar las competencias que tienen encomendadas y preocuparse por el bienestar de los ciudadanos. Si algunos políticos se decidan a desobedecer las leyes democráticas, o a dudar sobre si se han de apuntar a una rebelión contra la Constitución o no, dejan de prestar su máxima atención a resolver problemas. Y entonces los problemas crecen. La Generalitat ha de apostar por gestionar y no por desafiar el marco legal de un gran país democrático, España.
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