Carrero Blanco y el mandato de Franco

Tras la promulgación en el año 1947 de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, votada por las Cortes Españolas y ratificada abrumadoramente por el pueblo español en un referéndum, España se constituía en un Reino. Por este conducto legal y popular se restauraba la monarquía en España, diez y seis años después de la partida del rey Alfonso XIII y la proclamación de la República.

Sin embargo esta Ley Fundamental que había sido redactada personalmente por Luis Carrero Blanco, no hacía referencia a la persona que se iba a ceñir la Corona española. aunque resulta evidente que sería designado como legítimo heredero Don. Juan de Borbón o alguno de sus sucesores, resultando inviable un cambio de dinastía.

Con esta Ley, el Jefe del Estado Francisco Franco, ya en el año 1947 estaba diciendo a todos los españoles que cuando abandonase el poder, ya fuese por renuncia o por fallecimiento, como al final se produjo, su sucesor sería un Rey de España, y con él vendría una monarquía parlamentaria democrática, como no podía ser de otra forma, porque resulta obvio que ningún Borbón prolongaría el régimen surgido del 18 de julio.

Pero para que tuviese éxito este proceso de transición de un Espado autoritario a un Estado democrático, en el que estuviesen legalizados todos los partidos políticos, Franco necesitaba un hombre de plena confianza, revestido del todo el poder necesario para la realización de esta tarea, y ese hombre era su íntimo amigo el almirante Luis Carrero Blanco.

Con este mandato conferido por el Caudillo, Carrero es nombrado Ministro de la Presidencia en 1951 y vicepresidente del Gobierno en 1967, dedicándose desde esos cargos a planificar la sucesión monárquica en la figura de Don Juan Carlos, y a limitar la influencia de los falangistas que se presumían mayoritariamente republicanos.

Hemos de destacar que si Franco hubiese querido prolongar su Régimen después de su muerte, habría designado como su sucesor en la Jefatura de Estado, a Carrero o a cualquier otro militar, y no al príncipe Juan Carlos del que todo el mundo sabía, que al igual su padre, quería restaurar las libertades democráticas en España.

Cuando Franco nota que su salud empieza a flaquear por su avanzada edad, nombra en el mes de junio de 1973, Presidente del Gobierno al almirante Carrero. Ese cargo no existía porque era el mismo Francisco Franco el que presidía los Consejos de Ministros, y lo que quería Franco, era que Carrero estuviese revestido de todo el poder necesario para convocar las primeras elecciones democráticas desde el inicio de la guerra civil, y para que planificase el modelo político y administrativo del nuevo Estado.

Evidentemente no tenemos prueba de ello, porque todo se circunscribió a conversaciones privadas entre Franco y Carrero, pero nos inclinamos poderosamente a creer que con la mala experiencia vivida en la historia contemporánea de España, ni a uno ni a otro se le habría pasado por la cabeza crear un Estado de las Autonomías, y por ello lo más probable es que se hubiesen inclinado por un modelo centralista similar al de Francia, en el que simplemente se permitiría entrar en la Administración del Estado. a los representantes de los partidos políticos surgidos de las urnas.

Evidentemente los jóvenes de la ETA no tenían ni idea de esto, y su errático fanatismo político les hacía ver a Carrero Blanco como el sucesor de Franco, que no lo era, ni lo quería, ni lo podía ser. Por ello cuando asesinan al presidente Carrero y es sucedido por Carlos Arias Navarro, éste, recogiendo el testigo de su predecesor y siguiendo el mandato del Generalísimo, promulga en diciembre de 7/1974 el Decreto Ley de Asociaciones Políticas y de Derecho de Asociación Política, que ponía las bases legales de los futuros partidos políticos, allanando el camino para el advenimiento de la democracia.

Cuando Adolfo Suárez asume la presidencia del Gobierno en 1976, en vez de constituir un modelo de Estado democrático siguiendo las directrices correlativas de Franco, Carrero y Arias, prefiere romper con esa vía dejándose guiar por las izquierdas y por los nacionalistas, optando por configurar el Estado de las Autonomías.

Ahora que alguna fuerza política quiere someter a debate la continuidad de las Comunidades Autónomas, sería conveniente recordar porqué Carrero Blanco no pudo ver culminada su labor, y la conveniencia o inconveniencia para España de un cambio de modelo de Estado.

El régimen franquista no dejaba de ser una República, autoritaria pero República, como lo es cualquier país en el que solo manda un general. Si Franco tuvo el valor de encarrilar a España hacia una monarquía mediante un referéndum, ahora podría ser el momento de consultar al pueblo español si acepta la continuidad del Estado de las Autonomías.

Juan Carlos Segura Just
Doctor en Derecho


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