El centro de Madrid se ha convertido este sábado en el escenario de un rechazo contundente e inapelable a la gestión de Pedro Sánchez. Más de ciento veinte mil ciudadanos, convocados por la plataforma Sociedad Civil Española, marcharon de forma masiva desde la plaza de Colón hasta el Arco de la Victoria en Moncloa.
La masiva afluencia reflejó el hartazgo acumulado de una parte muy significativa de la población. Las calles de la capital dictaron una sentencia clara que el Ejecutivo no debería ignorar bajo ningún concepto. La movilización transcurrió con un indiscutible protagonismo de los ciudadanos, quienes portaron miles de banderas nacionales bajo el lema central de exigir la dimisión inmediata del presidente.
El ambiente de la protesta estuvo marcado por la indignación ante los incesantes escándalos de corrupción que salpican al entorno de la Moncloa y los polémicos pactos de gobernabilidad, pura traición a nuestro país al ponerlo en manos de formaciones como Bildu o ERC. La izquierda gobernante comete un grave error de diagnóstico si despacha esta demostración de fuerza como una simple algarada de la oposición radical. Los españoles se encuentran exhaustos de despertarse cada día con informaciones judiciales que comprometen la dignidad del Estado y de las propias instituciones públicas.
El clamor escuchado este fin de semana en las principales avenidas madrileñas demuestra que la tolerancia de la opinión pública frente a los desmanes institucionales ha llegado a su límite absoluto. Frente a un panorama de parálisis legislativa y cercado por las sospechas, la única salida democrática y éticamente aceptable es la devolución de la palabra a los ciudadanos de forma inmediata.
La resistencia numantina del presidente del Gobierno a abandonar el cargo debilita la salud democrática de nuestro país y prolonga una agonía política que España no merece sufrir. Un mandatario verdaderamente responsable sabría interpretar el mensaje de la calle y convocaría elecciones generales para que las urnas resuelvan de una vez esta insostenible crisis.
Este éxito incontestable de la convocatoria cívica marca un antes y un después en el devenir de la presente legislatura parlamentaria. La sociedad española ha demostrado que sigue viva, despierta y dispuesta a defender los valores democráticos frente a los intentos de control institucional por parte del sanchismo.
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