La República hereditaria de Cataluña

Desde hace unos años venimos viendo como aquellos que acusan a España de falta de democracia, de que ellos ponen las urnas y los “españoles” no les dejan votar, los que dicen que votar (de cualquier manera) es democracia, los que quieren convertir la autonomía catalana en un país independiente para hacerlo a su medida (basta leer algunas líneas de la llamada Constitución catalana) y darle forma de república porque creen es la forma de gobierno más democrática, resulta que son los que siguen los principios monárquicos de sucesión: el cargo se hereda.

Es cierto que no se hereda por línea de sangre sino por dedo político: aquel que el Presidente saliente de la Generalidad toca con su dedo, queda ungido y los parlamentarios independentista están obligados a votarlo: eso de que el presidente de la Mesa inicia una ronda de contactos para proponer un candidato adecuado deben considerarlo un anacronismo de tiempos oscuros, ahora lo democrático es obedecer al nuevo señor feudal que actúa según le conviene a él, le convenga o no al conjunto de habitantes de Cataluña.

En todo caso el nuevo Presidente de la Generalidad de Cataluña ha dejado claro que su programa de mandato (corto) se basa en Cataluña y no en los catalanes.

El Parlamento catalán está dejando de ser el lugar en que se parlamenta, se intenta convencer a los demás de la bondad de las propuestas propias para después votarlas y se ha convertido en la caja de resonancia de los deseos personalistas del que se considera “verdadero presidente” de la Generalidad catalana.

En cierto modo podríamos decir que queriendo crear una República, desde la dimisión, perdón, perdón, del paso al lado del Sr. Mas, lo que han conseguido implantar de facto, es una monarquía hereditaria no por línea de sangre sino por línea de dedo.

Es otro ejemplo más de que el independentismo dice una cosa mientras hace la contraria y lo comunica tan bien que todos sus acólitos se creen lo que leen y no lo que ven: en Cataluña la realidad virtual está tan conseguida que llega a suplantar a la real.


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