El pancatalanismo ha intentado colonizar Baleares, Valencia y parte de Aragón para que Barcelona expanda su “espacio vital”, y estas comunidades autónomas han sufrido en los últimos años las consecuencias de unas políticas muy agresivas en el campo simbólico y lingüístico.
Los partidos aliados de los socialistas en estas tres comunidades autónomas eran tan secesionistas como ERC o Junts, y no han tenido ningún empacho en intentar acabar con cualquier vestigio de españolidad en estas tierras. Y siempre han tenido el apoyo económico de la Generalitat, gobernará CiU, ERC, PSC o Junts.
Los pancatalanistas también lo han intentado en el sur de Francia, en lo que el nacionalismo llama “Catalunya Nord”, pero nuestros vecinos galos sí que se han tomado en serio lo de evitar que los particularismos destrocen su nación, y en vez de regar con cantidades ingentes de dinero público los esfuerzos de los pancatalanistas para imponer sus objetivos, han hecho justo lo contrario.
El resultado final es que el partido más anticatalanista de Francia, el de Marine Le Pen, arrasa en las elecciones en esta zona y tiene los cuatro diputados que manda a la Asamblea Nacional y la alcaldía de su capital, Perpiñán. No se trata de loar a este partido político, pero sí hacer notar que al nacionalismo disgregador puede ser derrotado simplemente con no alimentarlo con los presupuestos públicos.
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