Durante la semana pasada vivimos dos momentos evidentes de provincianismo en acontecimientos deportivos, ambos con el sello del radicalismo sectario.
Comenzó la semana con la eliminación de uno de los candidatos españoles para alzarse con la Champions de fútbol masculino de este año. Al menos, conviene reconocer que, si el enfoque se pretende neutral y busca maximizar los éxitos de la delegación española en cualquier competición, el daño causado al disponer de un cartucho menos para sumar la vigesimoprimera Liga de Campeones para España se mitigó, al saber de antemano que la eliminatoria entre Barcelona y Atlético de Madrid aseguraba un candidato patrio en semifinales, a la vez que, desgraciadamente, dejaba a uno de los adversarios por el camino.
Tras una eliminatoria muy competida fue el Barcelona el que se topó con su punto final en la máxima competición continental. La evidente frustración, para los que suman 5 Ligas de Campeones en sus vitrinas, al ver pasar otro año sin el trofeo verdaderamente deseado al comenzar la temporada, llevó a sus aficionados más radicales y provincianos al éxtasis, como justificación de los perdedores, al ver caer el día siguiente a su eterno rival. Una conducta propia de los que solo saben ahogar sus penas extendiendo la desdicha.
El Real Madrid también cayó, en este caso frente a los alemanes del Bayern de Múnich, con lo que ha quedado como único representante español el Atlético de Madrid. Ojalá esa 21ª la pueda alzar el equipo de Diego Simeone y los atléticos rompan ese duopolio español de Barcelona y Madrid en dicha competición.
La derrota del Madrid dolió, puesto que no pasó otro equipo español, pero, a pesar de su eliminación, seguirá siendo el gran referente mundial del deporte rey. Su trayectoria deportiva lo avala, siendo el origen de grandes rivalidades, frustraciones y envidias. Cualquier comparación es odiosa al poner sus 15 orejonas encima de la mesa. Una cifra que sonroja y ridiculiza a cualquier otro club que pretenda, aunque sea en la más delirante imaginación, igualarse con la relevancia e historia deportiva de los que tienen su sede en el emblemático Santiago Bernabéu. Con números reales en la mano, los blancos duplican de sobra las Ligas de Campeones del que le sigue en el ránking de consecuciones, el Milan con 7.
Testigos del provincianismo de los que sanan sus heridas con el júbilo por la despedida del Real Madrid de la que es su competición fetiche, cerramos la semana con otro gran momento de complejos provincianos. En este caso, durante la final de la Copa del Rey de Fútbol en el estadio de La Cartuja de Sevilla. Una final en la que la Real Sociedad de San Sebastián se alzó con el título pasando por encima del rival que eliminó al Barcelona de la Champions. La imagen provinciana se mostró al escuchar el himno nacional de España con la aparición en el estadio del rey Felipe VI. Los pitidos del sector ocupado por los aficionados de la comunidad vasca fueron el borrón en un partido vibrante, al dar muestras de olvido por todo lo que deberían agradecer a España y, en especial, a la Casa Real. Les invito a que repasen la historia y descubran el vínculo y la proyección que le otorgó a dicha localidad la presencia de la monarquía española. La mala memoria y el adoctrinamiento les hacen, sin duda, mucho daño.
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