Los españoles están encerrados en su casa y son felices. Son habitantes del mundo, como fervorosos devotos de la vida interior, han acogido con la mejor de sus voluntades, el confinamiento permanente y revisable que sus respectivos gobiernos les han impartido. Algunos han asumido que, puesto que la naturaleza humana es perversa, es mejor que nuestra endemoniada y calvinista natura humana quede encerrada ante el virus que nos acecha por todas partes. Por ello, y en tanto que el hombre será un bárbaro en las calles, mejor que aceptemos que nos cierren en casa, previa entrega de las llaves de nuestra vivienda para que el gobierno, nos determine cómo y cuándo salir.
Nadie osa discutir; debemos ser espejo de las circunstancias actuales, creando una sociedad buena, que canta, aplaude a las 20 horas y sale mansamente a comprar, bajar la basura (reciclada y ordenada) y que ve la tele y las ruedas de prensa del presidente de turno para que nos siga amaestrando. El resultado de esto es que la sociedad, la masa, adaptada a este producto que es el “miedo” derivado de la pandemia, nos hace mansos.
Se nos promete que, tras superar esta pandemia, surgirá un nuevo paradigma económico; los animales ocuparán más espacio; el sistema de relaciones sociales mudará y hasta mantendremos la distancia social y la “disciplina social”. Términos que empujan a la depuración, porque, no olvidemos, que de la mansedumbre y la adaptación de todos nosotros a esta “obligada” reclusión surgirá el “hombre nuevo”. Más bueno, ecologista, social, progresista, en definitiva, toda una antropología utópica vindicada hacia principios en los que la libertad del individuo se verá comprometida, puesto que el hombre nuevo, solo lo será en comunidad, en sociedad.
Claro, ante la promesa de rasgos y valores genéricos que se prometen tras la mansedumbre, nadie puede oponerse: más solidaridad, caridad, menos contaminación, menos ricos y todos los mantras que los totalitarios de toda índole asumen como dogmas innegociables. Pareciera una visión Teresiana, se promete que cuando salgamos finalmente del Estado de mansedumbre, que es la definición que mejor se ajusta al estado de alerta, pues, desde el gobierno se niega la posibilidad de protesta, queja o expresión crítica hacia lo que se hace. Se nos dice, todos unidos, pero ¿todos unidos hacia la servidumbre?
Lo veremos el día 2, cuando nos dejen hacer deporte y todos acudamos a comprar un chándal “oro”.
Heraldo Baldi
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