Todavía estoy perplejo ante la duda que la sociedad pueda albergar respecto de circunstancias que, de forma evidente y sobradamente probada, señalizan al sanchismo como un fraude político viciado de ansia manipuladora y comportamiento mafioso. Me sorprende que la condena al hermano del presidente cree algún comentario en contra, a pesar de su laxitud, sabiendo que, sin duda alguna, el puesto inútil que se creó y del que éste no sabía ni funciones ni ubicación, aunque sí le llevó a buscarse domicilio incluso antes de la resolución de la convocatoria, debe calificarse como un invento para dar salida económica al hermanísimo del presidente. Un personaje que, viéndolo en televisión, ya evidencia que no tiene demasiado donde rascar y al que, posiblemente, la familia le haya pretendido buscar una salida.
Tampoco parece que pueda haber dudas a la hora de justificar una sentencia lógica y proporcional que castigue el comportamiento abusivo e interesado de la esposa de Sánchez. La impartición de un máster universitario y el encuadre de ésta en una cátedra, con sus bases y bagaje, la mayoría lo contemplamos como un privilegio nepótico en favor de una persona que ha pretendido aprovechar el rango de su esposo, inducida o no por éste, para medrar y sacar tajada en el mundo de los postgrados y su sospechosa especialidad en eso que llaman la captación de recursos.
Pero, al margen de estos ejemplos con duda cero, siempre que no se tenga la venda puesta y las neuronas viciadas en pro de los intereses espurios del sanchismo, hay situaciones que traspasan el margen de lo cuestionable, dinamitando la posible candidez y esa ilusión ingenua que nos lleva a desear que nuestros gobernantes no sean tan rastreros ni traicioneros como lo que aparentan.
Esa constante alusión a que el tiempo dará la razón a Sánchez y sus milongas, encubriendo todo el nido corruptor mafioso que hay en su familia y partido, solo tiene una lógica. El presidente, obsesionado en controlar todos los frentes posibles y contaminar el Estado con los suyos y su falta de decencia, es consciente de que, a la postre, si todo fluye como está planificado, el Constitucional que tiene dominado y controlado –con el beneplácito de los que torcieron el brazo sabiendo las consecuencias a futuro de esa más que peligrosa cesión-, sellará el fin o la desautorización de las condenas que afecten al entorno sanchista.
El TC aludirá a lo que sea menester para no afectar la credibilidad de un partido y un candidato que, por razones obvias, en cualquier país serio ya serían pasto de la historia (negra en este caso). No nos engañemos, Sánchez tiene ese as en la manga y el tiempo le dará lo que busca, puesto que ya ha hecho el trabajo sucio de herir a la Justicia, inmiscuirse en ella y dominar la institución que tendrá la última palabra. Y, no olvidemos, en caso de extrema necesidad, siempre le puede quedar la opción del indulto a la carta que tanto le entusiasma. Cuando llegue la campaña electoral, el votante engañado perdonará, comprenderá y aceptará todo el relato manipulador que salga de boca del maligno. Siempre es lo mismo.
Pero, ahora, lo evidente y cierto, a tenor de la conversación que hemos conocido entre el Teniente General Del Castillo y su subordinado, el General de División de la Guardia Civil Fernando Mora, solicitando el primero que éste diese la espalda a los ciudadanos madrileños negando su presencia en la celebración del día de su comunidad del año pasado, en un claro posicionamiento político de la Benemérita del lado del Gobierno y en contra de Ayuso, no deja el mínimo fleco a la incertidumbre. Escuchando sus palabras y argumentos queda plenamente demostrado el interés del sanchismo por entrometerse, contaminar y controlar las instituciones, incluido algo tan relevante como son las escalas politizadas y serviles de la cúpula de la Guardia Civil.
En este sentido, mi felicitación por el comportamiento del General Fernando Mora. Una persona que se merece un premio y un ascenso por su valentía y coraje. Las palabras que han trascendido, demostrando su profesionalidad y compromiso, junto a la defensa del honor que hace gala el citado cuerpo armado, le consagran como un ejemplo de patriotismo y de lucha frente a la sinrazón de estos mindundis antiEspaña que han colapsado las instituciones y se aferran al poder como única salida.
La evidencia de que, cuando todos estos vividores se vayan y dejen de ensuciar el nombre de España, puede llevarles a un destino sin posibilidades, carentes de la opción salvadora como podría ser un puesto de músico a la carta o de catedrático sin formación, debe ser angustiante. Por eso, no tienen otra que ganar todo el tiempo posible aceptando pulpo y dando continuidad al espectáculo, haciendo la ola y dando palmas mientras esperan que, con la regularización masiva en curso, el horizonte se aclare y se torne más favorable.
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