Uno de los problemas de la izquierda española representada por el PSOE-PSC por un lado, y numerosas confluencias por otro, incluyendo a Sumar, Unidas Podemos, Comunes, Más Madrid, Izquierda Unida, Partido Comunista de España y no se cuantas cosas más, es que les gusta mucho la Memoria histórica, pero tienen poca memoria sobre la historia. Es así como para apropiarse de la legalización del voto femenino en España aprobado en las Cortes constituyentes de la Segunda República en 1931, cuya principal precursora fue Clara Campoamor, nos la han descrito como una mujer progresista de izquierdas, hasta el punto que en el imaginario de la izquierda española algunos la describen como una especie de miliciana republicana.
Pues bien, al margen de la resistencia que encontró entre los diputados del PSOE encabezados por Indalecio Prieto, y por las otras dos únicas diputadas de aquel Congreso: la socialista Victoria Kent del Partido Republicano Radical Socialista y Margarita Nelken del PSOE, que eran contrarias a que en España votasen las mujeres alegando una visión sumisa de la mujer frente a sus maridos, sus padres o incluso los curas, la decidida Clara Campoamor con una visión positiva defendió en todo momento que las mujeres pudieran votar en España.
Para encuadrar políticamente al personaje, Clara que era una abogada de Madrid, para ser diputada en las Cortes constituyentes de 1931, se incorporó en el Partido Republicano Radical presidido por Alejandro Lerroux, que cinco años después apoyó al bando sublevado el 18 de julio de 1936 tras huir a Portugal, enviando al año siguiente una carta al general Francisco Franco en la que le mostraba su adhesión al Alzamiento nacional.
Cuando estalló la guerra en julio de 1936, le impresionó mucho el asesinato de sus compañeros del Partido Radical Republicano, Ramón Álvarez Valdés que había sido ministro de Justicia en 1933 en el gobierno de Lerroux y diputado en las Cortes de 1936, que fue víctima de las milicias republicanas mientras permanecía detenido en la madrileña Cárcel Modelo durante la noche del 22 agosto de 1936. La misma impresión le produjo el asesinato de Rafael Salazar Alonso que había sido ministro de la Gobernación durante el gobierno de Ricardo Samper, que fue fusilado en la misma Cárcel Modelo el 23 de septiembre de 1936. Dada su condición de militante del Partido Radical Republicano y de mujer liberal de derechas, decidió abandonar Madrid, exiliándose a Lausana en Suiza. Ella misma escribió en sus memorias el motivo que le conminó a huir de Madrid: «la anarquía que reinaba en la capital ante la impotencia del gobierno, y la falta absoluta de seguridad personal, incluso para las personas liberales, sobre todo, me impusieron esta medida de prudencia».
Cuando acabó la Guerra Civil Clara no regresó a España, porque pesaba contra ella una acusación fundamentada de pertenecer a la Masonería, porque estaba integrada en la Logia femenina Reivindicación que dependía del Gran Oriente Español, acusación de la que es bastante probable que habría sido absuelta o a lo sumo condenada a una pena simbólica, porque ella no realizó ninguna acción que mereciese un reproche político, sino más bien todo lo contrario, porque si bien que durante el franquismo no se celebraron elecciones democráticas, la Ley de Referéndum nacional de 22 de octubre de 1945 en su artículo 2 permitía el voto «de todos los hombres y mujeres de la Nación mayores de 21 años» .
Recientemente ha salido a la luz una inédita correspondencia de Clara Campoamor publicada en un libro que se titula Letra de Mujer, de la investigadora Beatriz Ledesma, publicado por editorial Renacimiento, en la que se muestra profundamente crítica con el Frente Popular al que califica de «satánico» y de «construcción política sectaria y destructiva en la que los quedaban fuera eran señalados automáticamente como fascistas, y los que estaban dentro no podían abandonarlo sin exponerse a graves consecuencias». Sobre los políticos frentepopulistas afirma que son «hombres sin honor y sin conciencia. Monstruos que han visto y niegan». También decía de ellos que durante la guerra «todos han sacado a su familia, después de haber encendido la hoguera, se ponen a salvo» .
Sobre el comunismo que dominaba al gobierno de Negrín, lo define como «cáncer» y «lepra», escribiendo que la guerra civil había servido para desnudar el verdadero rostro del proyecto comunista que significaba la destrucción de las libertades. Hemos de destacar que en la Rusia soviética de Stalin, las mujeres no tenían derecho de voto en unas elecciones democráticas, como tampoco lo tenían los hombres, sencillamente porque no había elecciones. Clara señalaba al comunismo como lo que es: «una amenaza directa contra la democracia liberal».
En otras cartas analiza la descomposición de la legalidad republicana, y los excesos cometidos en la retaguardia frentepopulista. En otra de sus cartas expresó textualmente que «deseo ardientemente el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España» porque según ella esa era la única forma de evitar el hundimiento definitivo del país.
Para terminar nada mejor que transcribir una de sus cartas: «Para mí no pueden ser democracia, ni libertad, ni justicia, el asesinato, el robo, el pillaje, la violación, el atropello, la ausencia total de poder y de autoridad. Todo ello anterior a la revuelta militar y causa de ello, aunque ustedes no quieran oírlo. Y afortunadamente que contra eso se ha levantado alguien, porque si no, estaríamos ahora a la altura de la desgraciada Rusia. Yo no he cambiado ni una tilde, mis ideas son siempre muy firmes. Yo soy demócrata, liberal, quien ha dejado de serlo son los republicanos españoles lanzados en los brazos del marxismo y del anarquismo desde el día siguiente al triunfo del Frente Popular, que además, para mayor ironía, ni siquiera fue tal triunfo, porque obtuvieron 217 actas y con atropellos allegaron las 70 que faltaban». Por mi parte sin comentarios.
Juan Carlos Segura Just
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