El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a cruzar una línea roja en su estrategia de presión al Poder Judicial. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha exigido de forma vehemente la aplicación inmediata de la ley de amnistía. Con un tono inusualmente agresivo, el Ejecutivo redobla su pulso frente a las decisiones del Tribunal Supremo.
La Moncloa busca acelerar a cualquier precio el carpetazo judicial del ‘procés’. Puente ha utilizado los recientes pronunciamientos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea para desautorizar a los jueces españoles. Esta maniobra intenta deslegitimar la independencia judicial desde el propio seno del Consejo de Ministros.
En una controvertida declaración, el ministro ha instado directamente a Carles Puigdemont a regresar a territorio nacional. Puente ha asegurado que, de estar en el lugar del líder de Junts, se «plantaría en España» sin dudarlo. El Ejecutivo central trivializa de este modo el ordenamiento jurídico y las órdenes de detención vigentes.
La izquierda gobernante califica este hipotético regreso como un necesario gesto de liderazgo político. Para el ministerio de Transportes, la vuelta del prófugo sería una decisión coherente con la legislación actual. Sin embargo, esta postura obvia deliberadamente que el Tribunal Supremo mantiene firme la orden de arresto contra el expresidente catalán.
Desde los micrófonos de la radio pública, Puente ha tildado de «insostenible» la resistencia de los tribunales a aplicar la norma del olvido penal. El tono gubernamental roza la temeridad al animar a Puigdemont a forzar su detención para generar un conflicto institucional. «Vale más un minuto rojo que toda la vida amarillo», ha llegado a afirmar el ministro.
La reacción dentro del propio separatismo catalán, sin embargo, evidencia el fracaso de la puesta en escena ministerial. Las palabras de Puente no han sentado bien en las filas de Junts, donde detectan un intento de instrumentalización. El partido de Puigdemont recela de los consejos que llegan desde Madrid. El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha respondido con dureza a las provocaciones lanzadas por el titular de Transportes. Turull ha calificado la actitud del ministro de «miseria y frivolidad».
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