El pasado 15 de abril en una sesión ordinaria del Congreso de los Diputados, el diputado del Grupo de Esquerra Republicana de Cataluña Jordi Salvador, llamó desde su escaño reiteradas veces asesino y criminal al diputado de VOX José María Sánchez. Ante una acusación calumniosa tan grave como esa, el diputado de VOX amparado por el artículo 71 del Reglamento del Congreso, que permite dirigirse al presidente por alusiones que impliquen juicios de valor sobre una persona o su conducta, se dirigió desde su escaño al presidente en funciones Alfonso Rodríguez, protestando por esa infame acusación, y el presidente en ese momento tenía la obligación que el mismo artículo le impone, de darle la palabra y no lo hizo.
Entre los diputados de la oposición el señor Alfonso Rodríguez del Grupo Socialista, tiene fama de parcialidad y de arrogancia, cuestión esta que corroboro personalmente de mi etapa como diputado en la anterior Legislatura.
Al no dar la palabra al diputado de VOX, éste acudió legítimamente a la tribuna del Congreso, dirigiéndose al presidente protestando por su flagrante vulneración de sus funciones como presidente de la cámara. Lo que hizo el diputado de VOX José María Sánchez es ejercer su legítimo «derecho de reprender», que no es otra cosa que significar, corregir, amonestar o desaprobar formalmente la conducta o palabras de alguien. El verbo transitivo de «reprender» se utiliza para señalar errores a menudo con tono de seriedad. Sus sinónimos incluyen amonestar, reñir, recriminar, censurar y regañar.
El hecho de que un diputado suba a la tribuna y se dirija al presidente, no está prohibido en el Reglamento del Congreso, y el hecho de que no haya ocurrido nunca no implica que esté prohibido o que el diputado de VOX se extralimitó. Coincidí unos años en el Congreso con José María Sánchez, y aseguro que al margen de ser catedrático en la Universidad de Sevilla, es un gran jurista perfectamente conocedor de sus derechos y de sus obligaciones.
José María hizo lo único que podía hacer, y para que el lector me comprenda le pondré un ejemplo: el Congreso de los Diputados es un órgano colegiado como lo es una asamblea de compromisarios de un club deportivo, una asamblea de accionistas de una empresa o una junta de propietarios de una comunidad de vecinos. Pues si usted pide la palabra al presidente y no se la da, está perfectamente legitimado para levantarse de su silla y dirigirse respetuosamente a la presidencia, y esto es lo que hizo el Diputado de VOX, ni más ni menos. Además también es destacable que era una sesión parlamentaria con muy pocos diputados ocupando sus escaños, y por lo tanto esa momentánea interrupción no perturbó el normal desarrollo de la sesión.
Juan Carlos Segura Just, exdiputado al Congreso. Doctor en teoría política y derecho constitucional
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