El espacio a la izquierda del socialismo en Aragón ha saltado por los aires justo antes de que expirara el plazo legal para registrar coaliciones. La incapacidad de entendimiento entre las distintas facciones augura un escenario de dispersión de voto que penalizará duramente sus opciones parlamentarias. Lo que se presentaba como una oportunidad de unidad ha terminado en el enésimo reproche público.
Izquierda Unida y Sumar han sido los únicos que han logrado formalizar una alianza mínima, aunque carente de gran calado territorial. Ambas formaciones han apelado a una supuesta «nueva etapa» para tratar de maquillar la ausencia de los actores principales. Su discurso se centra en ofrecer una alternativa ante lo que consideran un modelo agotado, pero nacen con la debilidad de la desunión.
Por su parte, la Chunta Aragonesista ha optado por un aislamiento total durante las últimas horas de negociación. Sin contactos significativos con el resto de fuerzas, el partido nacionalista confirma su intención de dar la batalla en solitario. Esta decisión atomiza aún más el voto progresista en las tres provincias, facilitando el avance de las fuerzas de centro-derecha.
El papel de Podemos en este fracaso negociador ha sido, como de costumbre, especialmente ruidoso. Tras el colapso de las conversaciones con Izquierda Unida, la formación morada ha emitido un comunicado cargado de victimismo. Lamentan que su propuesta no fuera aceptada, mientras se apresuran a confirmar a su candidata propia para marcar distancias.
María Goicoechea, exdirectora del Instituto Aragonés de la Mujer, será quien encabece la lista de Podemos en esta aventura individual. La candidata cuenta con el aval de su militancia, pero su figura está ligada a la etapa del socialista Javier Lambán. Este perfil contradictorio es el que ahora intenta presentarse como la única opción «nítidamente de izquierdas».
La estrategia de Podemos para justificar la ruptura se ha basado en un ataque frontal contra el PSOE. Critican con dureza la gestión de los socialistas en materia de vivienda y el incremento del gasto militar. Es la retórica habitual de un socio que, tras haber disfrutado del poder, intenta recuperar la pureza ideológica mediante la confrontación.
Resulta llamativo el tono utilizado contra Pilar Alegría, actual líder de los socialistas aragoneses. Desde el partido morado no han dudado en señalar casos de supuesta corrupción y machismo para desgastar a la candidata del PSOE. Esta agresividad interna entre socios naturales solo genera desconcierto y decepción entre sus propios simpatizantes.
La izquierda alternativa parece más preocupada por su propia supervivencia orgánica que por ofrecer una gobernabilidad real. Mientras se cruzan reproches por el fracaso de las listas unitarias, los problemas reales de los aragoneses quedan en un segundo plano. La falta de generosidad y el exceso de personalismos han dictado sentencia antes de abrirse las urnas.
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