El ente público Radiotelevisión Española ha decidido mantener el grifo abierto para el Benidorm Fest. A pesar de los cambios de rumbo en la estrategia de la casa, la inversión no se detiene. En total, se han comprometido 691.175 euros para financiar este certamen musical, tal y cómo ha desvelado Okdiario.
Esta cifra resulta llamativa si se analiza el contexto actual de la cadena. La dirección ha anunciado recientemente su retirada de la próxima edición de Eurovisión. Resulta contradictorio seguir inyectando fondos en un concurso cuya meta principal era, precisamente, elegir al representante español.
La gestión de los recursos públicos en RTVE vuelve a estar bajo el foco. Se mantiene un despliegue económico de primer nivel para un evento que ha perdido su razón de ser original. Los datos publicados en el portal de contratación de la corporación son reveladores. Lejos de aplicar una política de austeridad tras abandonar la cita europea, los contratos siguen creciendo.
Uno de los últimos movimientos contables se cerró el pasado 23 de diciembre. Se trata de un contrato específico de más de 33.000 euros destinado a tecnología de imagen. Este importe se ha dedicado exclusivamente al alquiler de equipos de estabilización de cámaras y dispositivos móviles.
Este tipo de gastos técnicos demuestra una apuesta por el espectáculo visual que no encaja con la retirada institucional. El ciudadano asiste a una paradoja donde se paga por la excelencia técnica de un producto que ya no tiene salida internacional. El documento oficial confirma que la televisión pública sigue regando con miles de euros un formato cuestionado. Lo que nació como una plataforma para brillar en Europa se ha convertido en un fin en sí mismo.
Es evidente que el Benidorm Fest se ha alejado de sus metas fundacionales. Lo que debería ser una herramienta de selección se ha transformado en un gasto autónomo y oneroso. La desconexión entre la inversión y la utilidad real del certamen es cada vez más profunda. Desde una perspectiva de gestión responsable, este escenario resulta insostenible. No se puede defender un incremento de presupuesto mientras se renuncia a la competición que daba sentido al festival.
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