El mapa político español se encamina hacia un cambio de ciclo contundente. El desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez empieza a pasar una factura que parece irreversible, según el último sondeo de Ipsos para La Vanguardia, un diario de línea editorial sanchista. Las fuerzas de centroderecha y derecha experimentarían un crecimiento tan sólido que les permitiría acariciar la mayoría absoluta con holgura. La ciudadanía empieza a dar la espalda a las fórmulas de la actual coalición, penalizando la gestión y la inestabilidad institucional de los últimos meses.
Los datos reflejan un auténtico descalabro en el bloque de la izquierda. El PSOE caería hasta los 111 escons, perdiendo diez representantes respecto a los últimos comicios. La situación es todavía más dramática a su izquierda, donde Sumar se desangra perdiendo casi veinte diputados para quedarse en una pírrica representación de 12 actas. A esto se suma la total desaparición parlamentaria de Podemos, confirmando que la fragmentación y las guerras internas de la izquierda radical han dinamitado sus opciones de retener el poder.
En la otra orilla del hemiciclo, el panorama es de absoluta consolidación. Alberto Núñez Feijóo resistiría en la centralidad con 132 diputados, una ligerísima bajada que compensa con creces el espectacular ascenso de Vox. La formación de Santiago Abascal se propulsaría hasta los 64 escaños, convirtiéndose en la llave indiscutible de la gobernabilidad. Juntos, ambos partidos rozarían la barrera de los 200 diputados, un rodillo parlamentario que obligará a Moncloa a revisar su estrategia de polarización.
El tablero catalán también refleja movimientos tectónicos de gran calado. Esquerra Republicana lograría arañar un diputado más, subiendo a los ocho, mientras que Junts sufriría un severo castigo electoral al perder cuatro escaños y quedarse con tan solo tres. Este desplome de los de Puigdemont coincide directamente con la irrupción del nacionalismo de Aliança Catalana; la formación de Sílvia Orriols entraría con fuerza en el Congreso de los Diputados obteniendo tres representantes y fragmentando el voto independentista.
La movilización ciudadana, estimada en un 67% de participación, confirma que el cambio de tendencia no es un espejismo demoscópico, sino un clamor en las urnas. La brecha en votos es demoledora para el relato gubernamental: el bloque de PP y Vox superaría ampliamente los 12 millones de papeletas, mientras que el conglomerado de izquierdas apenas rebasaría los 8,5 millones. Los españoles parecen haber dictado sentencia contra la política de concesiones de Sánchez, apostando decididamente por una alternativa de orden y estabilidad.
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