La dignidad de todos vale más que un apretón de manos con un prófugo. El sórdido cuartucho que acogió acto tan infame, ese atrezzo tan insultante y los delincuentes valen mucho menos. Muchísimo menos. Quiero pensar que Santos Cerdán, el destacado promotor de esta mayoría reaccionaria puigresista, no tenía ni idea del cuadro. En cualquier caso, leyendo el acuerdo, no puedo manifestar otra cosa que mi máxima repulsa. No será ilegitimo, pero sí corrupción ideológica y una aberración moral.
En primer lugar, por comprar el relato esencialista-fantasmagórico del nacionalismo. ¿De dónde se sacan la estupidez de que la abolición de los Decretos de Nueva Planta impulsó un conflicto entre dos soberanías distintas? ¿En serio? ¿Tenemos que retrotraernos al siglo XVIII para justificar el golpe contra la democracia española en 2017? ¿Recuerdan que las leyes sustituidas por los Decretos eran oligárquicas y racistas? Bien lo indica el comunicado de l’Associació d’Historiadors de Catalunya Antoni de Capmany. Es curioso que el PSOE trague con sapos tan insípidos. ¿Cómo explican pues que esa voluntad inmanente de autogobierno se mantuviera invisible hasta la puesta en marcha del Programa 2000? Si es inmanente, ¿por qué se apela, a través de un proyecto de ingeniería social, constantemente a fer país?
En segundo lugar, la amnistía. No hay nada más peligroso en democracia que dinamitar la igualdad ante la ley. Nuestro presidente en funciones siempre fue consciente. Esto decía constantemente en 2016: «hay que acabar con los indultos políticos». Ya saben, ahora, haciendo de la necesidad virtud, concedemos, ya no solamente indultos, sino amnistías a delincuentes en democracia. Usted que me lee no dude, afíliese a un partido xenófobo si quiere impunidad. De este modo, como apuntó en radio el cardenal Bolaños, no será un malversador de fondos públicos, sino un pobre bombero, padre de familia, al que no conviene perseguir. Este es el verdadero fondo de la cuestión: conveniencia, no convivencia. Me resulta inquietante que las declaraciones del portavoz extraoficial del Gobierno sean análogas a las de una octogenaria, cuando descubre que su vecino es un asesino en serie y es preguntada por la prensa: «era buena persona, siempre saludaba cuando compraba el pan». Sin embargo, llegados a este punto, podrían respondernos los impostores pseudosocialistas a la siguiente cuestión: ¿cuál es la argumentación jurídica que justifica su cambio de postura con respecto a la amnistía?
En tercer lugar, el lawfare. ¿Nos están diciendo desde el Gobierno que se juzgó a los independentistas sin garantías? ¿Admiten que fueron, los que no huyeron como cobardes, condenados por sus ideas? De ser cierto, ¿por qué han esperado cuatro años para expresarlo públicamente? Una de dos: o les mueve la codicia, o Iceta es incapaz de leer más de 100 páginas al año. Elijan su propia aventura. En fin, pasada por el forro la igualdad ante la ley y la verdad fáctica, qué más dará la seguridad jurídica.
Huelga poner de manifiesto que el PSOE ganó las elecciones en Cataluña. Parecen haberlo olvidado. Seguidamente, la segunda y tercera plaza la ocuparon SUMAR y el PP. Ahora bien, el único representante legítimo de la región es un prófugo, resguardado en Bruselas, que encima no es ni el presidente del quinto partido (Junts) con el que han consumado la última, más nos vale, humillación histórica. Su presidenta sobre el papel, Laura Borràs, otra condenada por fraccionar contratos para un narco, hace escasos días advertía a los socialistas: «Nosotros no renunciamos a nada, quien ha renunciado es el PSOE». Y razones no le faltaban. Convendría que Sánchez y sus acólitos desecharan ese lenguaje ampuloso con el que nos maltratan hasta la saciedad. Las concesiones no son en favor de los más desfavorecidos, se brindan al objeto de seguir en la poltrona a toda costa. Pagamos lo más humildes. Aquellos que no votamos en el referéndum ilegal. Los de Sant Adrià y no los de Matadepera. Los extranjerizados, no quienes extranjerizan. El relato pueden ahorrárselo, puras preferencias adaptativas. Ya saben, los que amenazaban a quienes osaban levantar la voz, hoy son los agraviados. La espiral del silencio, que diría Neumann, vuelve a ganar la partida.
Por último, ruego dejen de engañarnos con falsas dicotomías. Permitir que las comunidades ricas no redistribuyan es muy de derechas. Facilitar que una casta de racistas identitarios queden impunes tras subvertir el ordenamiento jurídico, también. Escudarse en el espantajo de los derechos históricos para segregarnos en ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, más aún. Un socialista de verdad no llevaría a cabo tal despropósito. No prosigan con este insulto. No en mi nombre. No en nombre de Cataluña. No en nombre de España. Pero, sobre todo, no en nombre de la izquierda y la democracia.
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