Grandes frutos nos ha traído la visita de Su Santidad el Papa León XIV a toda España y a toda Hispanoamérica, entre el 6 y el 12 de este mes, pero también a Europa y a toda la cristiandad. Una visita largamente esperada en España para revitalizar nuestra fe, para impulsar nuestros valores como católicos y para reafirmar lo que nos dictan nuestras conciencias.
Los discursos de Su Santidad son piezas únicas en cada una de sus vertientes y todos son guías de enorme importancia y de profunda reflexión para, de una vez, hacernos parar un ritmo de no saber a dónde ir y ponernos en el camino de lo importante.
Ha quedado perfectamente dicho lo que significan la fe, camino y búsqueda en el silencio de Dios; la juventud, el presente de la Iglesia; la familia, fundamento principal de la sociedad; la dignidad de las personas; la defensa de la vida desde la concepción; la inmigración y todas las facetas que ello tiene; la cultura del encuentro; la caridad; la esperanza en el servicio a los demás; la Eucaristía, presencia viva de Cristo; la permanente búsqueda de la verdad; el bien común; España, ricas raíces espirituales que han de dar frutos en el presente… etc., etc.
Una larga semana en distintas partes de España donde Su Santidad, en distintos momentos, nos ha recordado lo que es España… Son muchas las veces que recordamos en estas líneas, y desde hace muchos años, nuestra responsabilidad en la historia.
No podría concebirse España sin su vertebración cristiana y siempre nos remontamos a la mismísima Numancia como origen más remoto de España, aún pagana, como símbolo de la libertad y que, en su definitiva fusión con Roma, aportando la religión, la lengua, el derecho, la ciudad, la ciudadanía, las infraestructuras y todo lo que, a su vez, aporta Grecia, deviene, gracias al crisol del cristianismo desde la llegada del mismísimo apóstol Santiago, en un compromiso por la defensa de la fe, recogiendo la antorcha los visigodos para traspasarla a los reinos cristianos y, finalmente, su unificación con los Reyes Católicos. Pero es que, de inmediato, tras la expulsión del último reducto del islam y recuperar así la unidad de España, y pocos meses después de la toma de Granada, se produce el descubrimiento de América y, sin parar, se continúa con la primera circunnavegación del mundo.
Son estos hechos históricos absolutamente trascendentales, pues simultáneamente la reina Isabel incorpora todas las órdenes para salvaguardar la dignidad de las personas en cualquier punto del descubrimiento, al igual que en la propia España…, y nacen las Leyes de Burgos y la Escuela de Salamanca, y sigue en todo ello el emperador Carlos I y V de Alemania, y continúan sus sucesores…, y todo ello es absolutamente trascendental en la continuación del viaje de los siglos para la creación de los derechos humanos y la democracia.
Sabe muy bien Su Santidad dónde estaba a lo largo de una semana para recordar permanentemente nuestra esencial contribución a la evangelización del orbe y, además, conoce bien la historia de Estados Unidos, de donde es, o la del Perú, donde tanto estuvo, y lo que significan sus propios orígenes familiares vinculados a varios sitios de España. Conoce bien, por tanto, Su Santidad el Papa lo que significa España y su alta responsabilidad en el presente y en el futuro, y su viaje va muchísimo más allá de la importancia en sí misma de cualquier viaje papal… Su viaje a nuestra nación tiene un profundísimo significado espiritual, evangelizador, de reavivamiento e impulso moral, conceptual, cultural, histórico y social. Su viaje supone un profundísimo aldabonazo en nuestras conciencias e, incluso, sin duda alguna, también en los no creyentes, como ha quedado sobradamente patente, pero es que también ha supuesto una profunda llamada a toda Hispanoamérica y toda la Hispanidad, una llamada especialmente vigorosa, con la madre patria de altavoz e interlocutor privilegiado, recuperando en plenitud su responsabilidad histórica, que ha de ser permanente.
Pero es que Su Santidad el Papa, desde su viaje a España, ha llamado firmemente a Europa, como hiciera san Juan Pablo II en Santiago de Compostela, y ha llamado a ser verdaderos testigos de nuestras raíces cristianas. Aquí transcribo estas frases tan preciosas y carismáticas…, frases para esculpir con letras de oro y para actuar en consecuencia, sin miedo, día a día, en cualquier faceta de nuestras vidas, tanto en España como en el resto de Europa.
«Hay que preguntarse con honestidad si el mundo, y en particular Europa, habrían forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia…». «¿En serio es posible creer que la Europa a la que tanto amamos sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?». «Sigue vivo el grito de mis predecesores: «No temáis abrir de par en par las puertas a Cristo. Jesucristo no nos quita nada y nos da todo»».
Santidad, esta visita a España tan añorada permanece, desde el día después, en nuestras almas y permanecerá siempre reavivándolas, por mucho que pasen los meses. La visita de Su Santidad el Papa León XIV ha impregnado nuestros corazones, ha impulsado la llama de nuestra fe y nos obliga, con la razón, a trabajar a diario por la justicia y el bien común, a buscar permanentemente el bien y a lograr firmemente que el mal no prevalezca. Su Santidad nos ha traído el camino de la luz y de la verdad.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. Soria, 23 de junio de 2026
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