Aquí no ha pasado nada. España ha sido invadida en cuestión de horas por 80.000 personas en su frontera de Ceuta y el Consejo de Seguridad Nacional no se convoca. El Gobierno de Ceuta comunicó con mucha antelación al Gobierno central el agravamiento de la situación. Desde quince días antes de la invasión ya habían entrado 2.000 personas en Ceuta.
El fatídico jueves 30 de julio, la invasión se produce tanto a nado como por los propios accesos fronterizos. Durante horas, miles de personas entran en Ceuta y el Gobierno permanece callado durante toda la jornada, mientras se desarrolla la invasión. Es más, esa misma tarde tiene lugar una recepción en la Embajada de Marruecos en Madrid, con motivo del Día del Trono y tras el indulto a 1.700 delincuentes, a la que asiste un ministro del Gobierno, en el mismo momento en que siguen entrando miles de personas en Ceuta.
El presidente de Ceuta llama al presidente del Gobierno, que no se pone al teléfono, aunque le transmiten que no se preocupe, que no hay ningún problema. Al final del día, con entre 70.000 y 80.000 personas ya dentro de Ceuta, el presidente del Gobierno anuncia que acudirá al día siguiente, viernes 31, a la ciudad. Comparece junto al ministro del Interior para afirmar que se trata de un ataque a la integridad territorial, que se debe a las mafias y que es consecuencia de una sentencia del Tribunal Supremo. ¡Qué bien! Y añade que va a colocar unas boyas. Así despacha el presidente del Gobierno la invasión a España y a Europa. Después, al marcharse de vacaciones al día siguiente, recomienda a todos los españoles una lista musical para ese periodo estival.
El Ejército y la Policía comienzan a desplegar una presencia en la playa para disuadir la entrada de grupos, ahora más reducidos, que pretenden acceder a Ceuta. La responsable de Comunicación del Departamento de Seguridad Nacional, que había informado en la página oficial de que habían entrado 49.000 personas, es destituida fulminantemente cuando ya se encontraba de vacaciones. Será el cese por haber informado solo de la mitad, digo yo…
El fin de semana permanecen todavía al menos 10.000 personas en Ceuta. El miedo atenaza a la ciudad. Los vecinos se refugian en sus casas, sin poder acudir a sus trabajos, al médico o a comprar alimentos. Comercios, tiendas y empresas cierran sus puertas; los servicios públicos quedan anulados y la sanidad, colapsada. La situación continúa el lunes y el martes, y aún hoy, 7 de agosto, permanecen unas 6.000 personas deambulando por la ciudad y ocultándose en el monte para evitar ser localizadas, ejerciendo una enorme presión sobre la seguridad y la libertad de movimientos de la población.
Todo ello constituye una «grave alteración del orden público», una «emergencia para la seguridad ciudadana», una «violación de la soberanía nacional», una «utilización de la inmigración como instrumento de coerción política» y una posible «responsabilidad internacional del Estado emisor». Puede afirmarse, perfectamente, que se mantiene una auténtica «cabeza de puente» de la invasión perpetrada en Ceuta, incluso una semana después.
El ministro del Interior comparece el martes ante sus homólogos europeos y les asegura que no existía información previa del CNI y que la situación ya estaba resuelta. Sin embargo, es citado el jueves para dar explicaciones en el Parlamento Europeo y decide no acudir. Tampoco lo hace la ministra portavoz. ¿Han investigado y exigido responsabilidades —con Sánchez a la cabeza— a Marruecos por los más de 80 muertos? ¿Han dicho algo sus socios sobre ese atroz espectáculo, que vulnera los más elementales derechos humanos?
El presidente de Ceuta, Juan Vivas, vuelve a afirmar ayer mismo, jueves, en Europa, que la situación es límite, que se ha producido una invasión y que se han vulnerado las fronteras y la seguridad de los ciudadanos ceutíes. Describe una ciudad traumatizada y reclama la expulsión de los inmigrantes que permanecen en Ceuta, el blindaje de la frontera y medidas urgentes ante una emergencia humanitaria de enorme envergadura.
Su Majestad el Rey recibió ayer jueves por la tarde a Juan Vivas en Marivent. Tras el encuentro, el presidente ceutí anunció que el Rey viajará próximamente a Ceuta. Además, esa misma mañana conocimos, a través de los medios de comunicación, que el Rey había querido desplazarse a la ciudad una semana antes, pero que el presidente del Gobierno se lo había impedido.
Esta situación es intolerable y estamos presenciando, según mi criterio, la mayor traición a España por parte de un presidente del Gobierno. Esta invasión de España ha sido admitida conscientemente y, posteriormente, encapsulada, pretendiendo hacer creer que ya ha terminado. Todo ello bajo la responsabilidad de un presidente del Gobierno al que considero indigno, corrupto y traidor a España.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. Soria, 7 de agosto de 2026
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