Huele a podrido en el nido de la mafia y corrupción del PSOE. Toda su maquinaria de manipulación se ha puesto en marcha dejando ese olor nauseabundo que acompaña a la descomposición. Ya nada nos asombra viendo su comportamiento, enmarcado en una estrategia electoralista cuyo único objetivo es intentar revertir una situación que podría llevarlos a unos mínimos que cuestionen el propio futuro de una sigla histórica.
El PSOE se ve contra las cuerdas, pese al maquillaje del CIS que pretende dar a entender que el futuro sigue siendo de color carmesí. Ante ello, saben que deben implementar cambios en las reglas del juego para tener alguna posibilidad, sin importarles lo que se pueda llegar a pensar ante el evidente pucherazo.
Ya queda desfasado el tejemaneje que podamos imaginar de manos del control informático o del trasiego de votos, y tampoco parece solvente el intercambio puntual de urnas entre bambalinas. Se hacen necesarias medidas contundentes, de gran calado y mucho recorrido, que les permitan seguir imaginando un destino en el poder en el año 2027 y más allá.
Las opciones sobre las que han de cimentar su estrategia de sostenibilidad se camuflan en una surrealista legalidad que han de saber vender a la opinión pública. Es el momento de hacer alarde de su capacidad innata usando la palabrería engañosa y convenciendo a los que siguen siendo el caldo de cultivo de los encantadores de serpientes del sanchismo.
En este sentido, toda su obsesión por regularizar y dar papeles, que sabemos llevará a la postre anexo el derecho a opinar de los que han recibido la gracia y se ven obligados a devolver el favor a los que les han abierto las puertas, así como el interés desmedido por dar voz electoral a unos nietos que igual no saben ni la procedencia de sus ascendientes o, incluso, cómo se llamaban sus abuelos, puede justificar el insulto a la razón que supone la obsesión enfermiza del PSOE por cambiar las reglas electorales y no perder el poder.
El intento por cambiar el censo de muchos municipios de forma más que sospechosa nos demuestra que estamos en manos de unos sinvergüenzas. Pretenden desconectar sus errores y mala gestión, que sufrimos y conocemos los de dentro, de la decisión del voto. Para ello, han de sumar a la desesperada a votantes potenciales que no tienen ni idea de lo que pasa en España o que les importa un bledo su estabilidad y futuro.
Con lo de los nietos se han pasado de frenada. Es como sí, en la reunión de vecinos del piso que abandonaron mis padres hará medio siglo, a mis hijos les dijera que fueran a la próxima reunión de la comunidad en la que se decide si se pone el ascensor y se triplica la cuota mensual de comunidad, cuando éstos no saben dónde está el piso ni los problemas comunitarios de los últimos cincuenta años.
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