Confío plenamente en la sociedad española. Por eso, a pesar de las últimas encuestas que van saliendo a la luz tras la tragedia de Urda, no me puedo acabar de creer los resultados. La información que trasciende, a pesar del varapalo que se espera de los que están destrozando todo de un modo acelerado y humillante, no acaba de sintonizar con la lógica deseable. Aunque, eso sí, se va demostrando que vamos por buen camino para hacer efectiva y lograr la corrección a tantos males originados por el nefasto paso de Sánchez y sus vanidades por el poder.
El porvenir y la imagen de España, que ahora está en mínimos, debe redireccionarse tras el 29N. La opinión generalizada de los ciudadanos sobre la clase política española es la que es, pero lo irrefutable es considerar a los impresentables que todavía nos gobiernan como los peores gestores políticos de la historia. A finales de este mes espero que los españoles podamos mirar adelante y remontar la penosa miseria en la que nos ha hundido el circo sanchista. España merece otra oportunidad. La credibilidad e impulso de la nación española debe convertirse en una realidad.
Con todo lo acumulado: la corrupción en el PSOE y en la familia del presidente, la verdadera cara del idolatrado ZP, la gestión inconcebible de todas las infraestructuras o el pretendido olvido de la humillante invasión de Ceuta, por poner algunos ejemplos, me cuestiono las razones que pueden seguir dándole una horquilla en torno a los 100 diputados a estos necesitados de poder. Sólo me cabe pensar en el uso interesado de nuestros recursos, adjudicados a discreción con intereses electoralistas, para hacer comprensible que ese mínimo no se venga abajo como sería deseable y necesario.
Grandes soluciones requieren grandes mayorías y, por encima de todo, valentía y compromiso para llevarlas a cabo. Espero que de consumarse lo esperado, con el apoyo de los que ya lo tenemos claro y los que irán entrando en razón conforme nos acerquemos a la cita con la urna, no les tiemble el pulso a los nuevos gobernantes. Una esperanza que debe devolver la ilusión a una España que sobrevive tras la grave herida generada por el sanchismo.
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