Apenas un día después de conocerse la demoledora condena de 24 años de prisión para José Luis Ábalos, el Palacio de la Moncloa ha encontrado un salvavidas inesperado. Sus socios preferentes de Bildu han salido en tromba a proteger al líder socialista. La gravedad de la sentencia judicial contra el ex número dos del PSOE habría provocado la caída de cualquier Ejecutivo en una democracia europea madura. Sin embargo, en la España actual, los intereses de la coalición gubernamental prevalecen sobre la ética pública. Los aliados de Sánchez cierran filas para evitar el colapso del bloque de investidura.
EH Bildu ha asumido el liderazgo de este cordón de protección en un momento crítico. La formación abertzale no ha tardado en exigir la continuidad de la legislatura. Para la izquierda radical vasca, la debilidad extrema del presidente del Gobierno representa una oportunidad de oro que no pueden dejar escapar.
La portavoz independentista en el Congreso de los Diputados, Mertxe Aizpurua, compareció para fijar la hoja de ruta de su formación. La diputada fue clara al señalar que el Ejecutivo central debe seguir en pie. El objetivo final es continuar desmantelando el modelo constitucional bajo el eufemismo de la «plurinacionalidad».
Aizpurua ha instado a Sánchez a aplicar supuestas «medidas de regeneración democrática», obviando la paradoja moral que supone recibir lecciones de ética desde dicho sector que apoyó a una banda asesina como ETA. Para este bloque, la regeneración es una asignatura permanentemente pendiente que ahora se usa como moneda de cambio.
Mientras la tormenta política arrecia en Madrid, Pedro Sánchez intenta proyectar una imagen de normalidad institucional alejada del fango judicial. Durante una visita a la sede del Imserso, el jefe del Ejecutivo optó por el victimismo habitual. El líder del PSOE aseguró que su gabinete mantendrá el rumbo a pesar de las dificultades.
En su intervención, Sánchez calificó la histórica condena por corrupción de su antiguo hombre de confianza como simples «piedras en el camino». El presidente evitó con frialdad responder a las preguntas directas de los periodistas sobre el fallo del Tribunal Supremo. Una actitud que demuestra la alarmante falta de asunción de responsabilidades políticas dentro del sanchismo.
En lugar de ofrecer explicaciones claras, el presidente recurrió a la retórica grandilocuente de su manual de resistencia. Declaró que su único propósito es construir «un país mejor y una democracia mejor». Estas palabras resultan vacías para una oposición que asiste al progresivo deterioro de las instituciones del Estado.
La estrategia de Moncloa pasa ahora por resistir a toda costa el escrutinio parlamentario. Sánchez comparecerá en el Congreso de los Diputados acorralado por los diferentes escándalos de corrupción que acechan a las siglas de su partido. Una cita parlamentaria que se presenta de alto voltaje tras los últimos acontecimientos judiciales.
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