El Gobierno de Pedro Sánchez se queda sin escudos frente a las sospechas de corrupción. Incluso sus socios parlamentarios más fieles empiezan a marcar distancias ante el goteo constante de escándalos. El separatismo catalán, habitualmente alineado con el relato de la «persecución judicial», ha decidido que la situación del PSOE es ya insostenible y exige responsabilidades inmediatas.
La secretaria general de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Elisenda Alamany, ha sido la encargada de verbalizar este evidente distanciamiento. Desde la sede de su formación, la dirigente ha lanzado una seria advertencia al jefe del Ejecutivo central. Los republicanos exigen al socialismo que asuma la realidad y acometa una profunda regeneración interna.
La estrategia de Moncloa de presentarse como una víctima del sistema ya no convence en Barcelona. Alamany ha pedido formalmente al PSOE que abandone la táctica de culpar permanentemente al árbitro, en clara alusión a los jueces. A ojos de sus socios, los socialistas arrastran un grave problema estructural que se niegan a afrontar con transparencia.
El deterioro de la credibilidad gubernamental es evidente tras los sucesivos escándalos que salpican a las siglas del PSOE. Las ramificaciones que implican a figuras como Koldo García, José Luis Ábalos, Santos Cerdán o la última derivada sobre Leire ya no pueden taparse. Para ERC, el tiempo de los silencios y las evasivas institucionales ha terminado drásticamente.
La cúpula republicana considera que tapar los ojos ante la realidad solo debilita la estabilidad de la legislatura. Dejar que la situación se pudra, según la portavoz independentista, es el peor camino posible para un partido en el poder. La táctica de desviar la atención hacia supuestas conspiraciones judiciales ya ha agotado todo su recorrido político.
Alamany ha sido especialmente dura al referirse a la situación personal del presidente del Gobierno. La dirigente ha advertido a Sánchez de que no puede utilizar la investigación judicial a su esposa, Begoña Gómez, como un paraguas protector. La victimización familiar no sirve para justificar las presuntas tramas de desvío de fondos que afectan a su organización.
Los republicanos marcan así una línea roja muy clara entre el ámbito privado del presidente y la corrupción orgánica. Aunque el independentismo comparte las críticas hacia ciertos sectores de la judicatura, se niega a avalar la impunidad del PSOE. Para ERC, la acumulación de escándalos que salpican al entorno socialista se resume en una palabra: porquería.
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