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Barraycoa: «Los revolucionarios franceses llamaban ‘surcos reproductores’ a las mujeres que se les oponían»

Entrevista al autor de 'El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna' (Libros Libres).

Por Sergio Fidalgo
martes, 23 de junio de 2026
en Cultura
14 mins read
 

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Entrevista a Javier Barraycoa, autor de ‘El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna’ (Libros Libres). Pueden comprarlo en este enlace.

Sergio Fidalgo: Nos acompaña Javier Barraycoa, quien viene a hablarnos de un libro magnífico que, si les interesa la historia, no se pueden perder. Se trata de El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna, de la editorial LibrosLibres, de ese gran editor luchador que es Álex Rosal, un editor que realmente se parte la cara y publica libros valientes. ¿Cómo estás, Javier?

Javier Barraycoa: Muy bien, Sergio. ¿Qué tal?

Sergio Fidalgo: Todo bien. La verdad es que el libro se lee muy bien. Es uno de esos casos en los que, cuando coges una obra sobre un tema tan especializado, esperas algo que te va a abrumar. Pero no; es un libro que tiene datos, está muy currado y es muy riguroso, pero se lee de forma muy amena. Y esto, en un libro de historia, se agradece muchísimo.

Javier Barraycoa: Sí, bueno, una de las ideas principales era planteárselo de modo que llegara al gran público. Por lo tanto, la lectura debía ser fácil sin faltar al rigor. Además, el editor lo ha editado muy bien, con muchas ilustraciones y todo muy bien distribuido. Así que sí, estamos muy contentos.

Sergio Fidalgo: Sí, hay que reconocer que, aparte del rigor histórico, es un libro bonito. La separación con esas páginas azules es muy chula y las ilustraciones están muy bien. Es un libro cuidado, no como esos que a veces te encuentras y parece que los han editado así como así. Es un libro realmente atractivo, más allá del interés del tema.

Pero vayamos un poco al grano, que es lo que importa teniendo aquí a un maestro como Javier. El libro analiza el genocidio de La Vendée, una región de Francia que en la época de la Revolución Francesa era muy religiosa, católica y tradicional. Ante los abusos de la Revolución desde París, protagonizó una serie de sucesivas rebeliones que Javier narra con maestría. Sin embargo, el tema no es solo hablar de unos combates, sino de algo más que planteas en el título. Lo que pasó en La Vendée durante la Revolución Francesa, ¿fue un genocidio de católicos?

Javier Barraycoa: Sí, aunque en esa época la palabra «genocidio» no existía. De hecho, un revolucionario francés muy importante lo denominó «populicidio». Si atendemos a las actuales normas internacionales que definen el genocidio, este consiste en determinar un colectivo —ya sea por razón de religión, política, raza o lo que sea—, crear un aparato legal para exterminarlo y poner los medios para llevarlo a cabo.

Esto ocurrió perfectamente en La Vendée. Desde la Convención de París, en la época del Terror, se decide que ese grupo de campesinos —que se han armado y han creado un ejército espontáneo y popular porque los dirigentes de la revolución han degollado al rey de Francia y están persiguiendo la religión católica— debe desaparecer. La Convención decreta legalmente el exterminio. Y no solo se decreta de forma legal, sino que además se ponen los medios y se intenta llevar a cabo un exterminio total de la población. De hecho, las órdenes eran convertir a Vendée en un cementerio nacional; acabar con todo: hombres, mujeres, niños, con lo que fuera.

Sergio Fidalgo: En el libro explicas algo muy interesante. Muchas veces, la historiografía oficial —esa historiografía fervorosa de los logros de la Revolución Francesa— ha hablado de una especie de campesinos engañados por un puñado de nobles sin escrúpulos y curas radicales que los llevaron al exterminio. Tú, en cambio, planteas con documentación que fue justo al revés: fueron los campesinos los que fueron a buscar a los nobles para que encabezaran una rebelión que ellos mismos querían hacer.

Javier Barraycoa: Sí, está clarísimo que los propios nobles —la nobleza rural—, aunque entendían muy bien a los campesinos y compartían su fe y su sentimiento monárquico, aplicaban la razón y decían: «Esta guerra no la podemos ganar, es imposible que esta pequeña región que es La Vendée pueda oponerse a toda la Francia republicana».

Sin embargo, los campesinos, a base de insistencia, pasando días a las puertas de los castillos y reclamando el liderazgo de los nobles, lograron que estos finalmente se animaran a dirigir el movimiento, el cual se llamaría el Ejército Católico Real. Además, curiosamente, entre estos nobles que se animaron a liderar, se reunieron, pactaron y votaron quién los debía comandar. Al final, contra toda la lógica de la época, decidieron que fuera un joven, Cathelineau, que era arriero, un hombre del pueblo. Él sería el primer gran líder y el primer gran general de los vendeanos.

Sergio Fidalgo: Explícanos la importancia del Sagrado Corazón de Jesús para los combatientes de La Vendée, ya que lo llevaron como símbolo en estandartes y en sus ropajes.

Javier Barraycoa: Sí, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús empieza en el siglo XVII a través de las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque y se va expandiendo por toda Francia. Ya en el siglo XVIII, ante unas pestes que sacudieron Marsella y otras partes del país, esta devoción, que ya estaba arraigada, llevó a que muchos franceses se cosieran una escarapela con la imagen del Sagrado Corazón. Lo llamaban «el salvaguardia» porque quien se lo ponía ante las pestes parecía estar inmunizado, y eso arraigó profundamente. Cuando llega la guerra de la Vendée, los vendeanos, con esa devoción que tenían al Sagrado Corazón, también se lo cosen, muchas veces con el lema «Dieu et le Roy» (Dios y el Rey), y acabará siendo una de las banderas del Ejército Católico Real.

Además, también hemos de tener en cuenta que, dentro de esta especie de teología de la historia, el Sagrado Corazón de Jesús había pedido al tatarabuelo de Luis XVI, a Luis XIV, que consagrara Francia, la corte y el reino al Sagrado Corazón, cosa a la que Luis XIV no hizo ni caso. Cien años después, empieza la Revolución Francesa. Entonces, todo ese combate, que se veía como una cruzada, exigía una expresión simbólica, y esa fue el Sagrado Corazón.

Sergio Fidalgo: Nos cuentas en el libro que los dirigentes de la Revolución Francesa no solo querían someter o acabar con la rebelión, sino exterminar a aquellos que se les habían opuesto para ponerlos como ejemplo ante el resto de Francia, tratándolos casi como si fueran una raza maldita. ¿Cómo han podido ocultar este hecho durante siglos? ¿Y cómo es que, de repente, parece que se está encendiendo de nuevo la llama de este movimiento de defensa de la cristiandad?

Javier Barraycoa: Sí, todo tiene una explicación. Digamos que la Vendée significaba, como hecho, que todo lo que proponía la Revolución Francesa —los derechos del hombre y del ciudadano, etcétera— era una falacia y pura ideología de una élite burguesa que estaba ascendiendo y derrocando al Antiguo Régimen. El verdadero pueblo sencillo, que son los campesinos, es el que se enfrenta a la República, pues son los que se enfrentan a este nuevo régimen, a este régimen revolucionario, con lo cual el relato revolucionario se hunde. ¿A qué lleva esto? A que durante todo el siglo XIX, con las convulsiones que hay en Francia —donde vendrá la Segunda República y después una Tercera República—, los vendeanos siempre fueron vistos como un enemigo intelectual. Su existencia era, en el fondo, negar la Revolución Francesa.

Durante todo el siglo XX, lo que acontece es que las cátedras de historia de la Sorbona dedicadas a la Revolución Francesa estuvieron controladas, desde principios de siglo, siempre por comunistas que se sintieron herederos de la Revolución Francesa, herederos de Robespierre. Lenin decía que Robespierre era el primer bolchevique. Por lo tanto, la academia francesa siempre lo ocultó, hasta que a finales del siglo XX, cuando venía el segundo centenario de la Revolución Francesa y ante la preparación de los fastos, algún investigador joven como Reynald Secher empezó a trabajar estos temas. Lanzó una tesis doctoral, fue profundamente atacado, pero rompió el silencio. A partir de entonces, desde los años 80 del siglo XX, se ha empezado a recuperar la historia de los vendeanos.

Sergio Fidalgo: Otra cosa que explicas, y además lo haces en varios momentos del libro, es cómo los vendeanos siempre aspiraron a que los ingleses les echaran una mano para intentar mantener el pulso contra la República.

Javier Barraycoa: Claro, el de los vendeanos es un ejército popular que al principio no tenía ni armas. Se lanzaban a cuerpo descubierto ante las poblaciones defendidas por los republicanos. Una vez las tomaban, con bajas innumerables, empezaron a armarse, pero no era suficiente.

Se plantean tomar Nantes, una ciudad que está en el Loira y donde podía llegar la ayuda de los ingleses. Hay contactos, hay promesas de su parte, pero primero ellos no consiguen tomar la ciudad, lo que provoca una tragedia brutal. Los ingleses tampoco se esfuerzan mucho en apoyarles ni en bloquear Nantes, y luego esto lleva a que, en un acto desesperado, hagan una inmensa marcha. Casi cien mil vendeanos, con mujeres y con ganado, atraviesan la Bretaña para ir al norte y encontrar un puerto, Granville, donde los ingleses prometen y juran que esta vez sí vendrá la ayuda.

Bueno, cuando llegan ahí, tampoco aparecen los ingleses, no llega la ayuda… y esto genera una gran desmoralización, porque los traicionan tanto los ingleses como también los llamados «emigrantes», que son los nobles, gente que había huido de la Revolución Francesa y que iba conspirando para entrar en Francia y derrocar la República. Pero tampoco esa nobleza borbónica corresponde a los vendeanos, y ellos, por honor, siguen la batalla porque habían jurado morir o vencer —que, por cierto, es el título de una película sobre los vendeanos—. Si no se restauraba la monarquía y la religión católica, ellos lucharían hasta morir. Y esto es lo que ocurre.

Sergio Fidalgo: En el libro detallas lo que fue la represión. Y, bueno, hay una imagen de un museo de historia natural en Nantes… Sí, pero cuéntalo tú, porque parece increíble que esto ocurriera en la Francia civilizada de la Revolución Francesa post-Ilustración. Pero ocurrió.

Javier Barraycoa: Sí, bueno, esto se tiene que conocer, evidentemente. Cuando se decreta el genocidio es después del primer año de guerra, durante 1793. Al final, los vendeanos están agotados, el ejército de campesinos está prácticamente destruido y, a partir de 1794, se decreta el genocidio. Y además, como he dicho antes, legalmente y con medios. El genocidio es brutal: se queman campos, se mata ganado, se mata a mujeres, a las que llamaban «surcos reproductores», porque había que acabar con ellas para que no nacieran más.

Sergio Fidalgo: Atención al término, ¿eh? «Surcos reproductores» a las mujeres. Esto en la Revolución Francesa. Sigue, perdona.

Javier Barraycoa: Sí, es el «feminismo» de la época. Hay escenas, relatadas además por los propios generales republicanos que están ejecutando ese genocidio, donde reconocen que los niños son lanzados a los pies de los caballos, las mujeres embarazadas son atravesadas con bayonetas… Bueno, una cosa terrible. Se puso de moda, por un lado, echar cuerpos a los hornos para conseguir grasa, especialmente de mujeres, que estaba muy bien preciada para los carros y para engrasar las armas. Y luego, se desollaban los cuerpos, bien por humillación cuando eran líderes vendeanos, o bien para hacer cuero con la piel y comercializarlo. En el Museo de Nantes de Historia Natural todavía se puede ver un cuero de un chouan, en este caso. Los chouanes serían como los vendeanos, pero un poco más al norte, en la zona de la Bretaña. Hoy por hoy se puede contemplar. Hoy, que todo está bajo la corrección política y los museos se «resignifican», ahí se sigue exhibiendo esa piel desollada, ese cuero curtido con la piel de uno de la región.

Sergio Fidalgo: Este genocidio de La Vendée fue un genocidio católico, contra el catolicismo, contra la religión. Y bueno, dado que te tenemos aquí y tú, aparte de ser un experto en La Vendée, también eres un experto en Lluís Companys… ¿Fue una especie de precedente de lo que luego vivimos en Barcelona, en la retaguardia de los primeros años de la Guerra Civil?

Javier Barraycoa: Hay una analogía, y no es meramente una analogía simbólica. El proceso revolucionario que se vive en la retaguardia en Cataluña, y que lidera y dirige Lluís Companys, está basado en un proceso revolucionario —primero anarquista, luego comunista— donde se teoriza sobre el terror. El terror es visto como un instrumento revolucionario, la persecución a la Iglesia ha de ser sistemática y, de hecho, Companys, en un momento determinado, se vanagloria cuando le preguntan por el problema religioso en Cataluña y dice: «Si no hay problema religioso, si ya hemos acabado con todos los curas. Ya no hay curas». Nos han hecho creer muchas veces que la época del Terror en la Revolución Francesa, o lo que pasó en Cataluña, fueron «desmanes» de los incontrolados de Companys. No, no, esto era una lógica sistemática del proceso revolucionario, que tenía que pasar por una fase de terror para conseguir esas transformaciones sociales. Ya lo dice Robespierre en un famoso discurso: «El terror os hará libres». Acusaba a los vendeanos de no querer la libertad que les traía la República y decía: «Bueno, no os preocupéis, con el terror os haremos libres». Este es, además, uno de los lemas de la Revolución Francesa. O mejor dicho, el lema. Nos ha quedado la idea de que es «Libertad, igualdad y fraternidad», que suena muy bonito, pero el lema real era «Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte». Y esto es lo que se vive en la represión de la retaguardia.

En el libro explico que Lenin visitó en 1910 las zonas de La Vendée y conocía bien la historia de los vendeanos. Él los identificaba como «los malos» y consideraba que los jacobinos habían hecho muy bien en exterminarlos. Por eso, años después, cuando estalla la revolución en Rusia y la posterior guerra civil, llamaba de forma despectiva «vendeanos» a los rusos blancos, que también eran campesinos y zaristas. Por lo tanto, la lógica del comunismo del siglo XX sigue la misma línea del terror jacobino.

Sergio Fidalgo: Un poco ya para acabar… Bueno, primero insisto en que el libro es magnífico. Ya ven que Javier se explica muy bien y solo nos está ofreciendo un aperitivo de lo que es la obra, la cual es realmente estremecedora. Si les interesa no solo la historia, sino la faz no mostrada de la Revolución Francesa, aquí tendrán material de sobra.

Me gustaría hablar también de otro tema. En La Vendée hay un movimiento —bueno, ya nos lo explicarás tú ahora— que es el fenómeno del Puy du Fou. Cerca de Madrid hay una especie de parque temático dedicado a la historia basado en este concepto, pero el original está en La Vendée. A partir de este fenómeno, ya no se trata solo de crear parques para que la gente los visite, sino que hay un proceso de revisión histórica. Es decir, ¿hay realmente un intento de rearme cultural por parte del catolicismo más auténtico para no dejarse vencer por el relato del movimiento woke? Además, ya no se hace desde el simple voluntarismo, sino desde un proyecto empresarial para crear contenidos potentes que puedan llegar al gran público. Explícanos un poco.

Javier Barraycoa: Sí. Como he dicho antes, a raíz de este segundo centenario de la Revolución Francesa se rompe el silencio y se empieza a publicar. La tesis doctoral de Reynald Secher fue absolutamente atacada antes de que la defendiera; lo atacaron a él y le robaron físicamente la tesis. Es un milagro que la llegara a presentar bajo tantísimas amenazas. Pero, a partir de ahí, se empiezan a publicar cosas muy interesantes. En el entorno vendeano, sobre todo la familia de Villiers, decide crear este parque temático que es Puy du Fou.

Con esto se empieza a ganar una batalla cultural que siempre había estado en el campo de la izquierda, que manejaba el relato. En el bando que no pertenece a esta izquierda revolucionaria, la derecha nunca ha sabido qué hacer con la cultura ni cómo planteársela; siempre ha visto solo el lado económico de la política. En esta comarca de Francia, gracias a Puy du Fou, se empieza a recuperar, primero, el orgullo de los vendeanos. Como ese silencio había sido tan aplastante, existía una especie de trauma psicológico inconsciente, un pensamiento de: «¿Qué habríamos hecho? Habremos hecho algo malo para que vinieran aquí a exterminarnos, así que los culpables somos nosotros». A partir de ahí eso se rompe.

Puy du Fou, que tiene un éxito brutal e inesperado en Francia —porque parecía que solo la izquierda sabía manejarse en el ámbito cultural—, repasa toda la historia cristiana del país. Esto ocurre en un momento en el que todos sabemos que Francia vive una crisis identitaria salvaje, prácticamente medio islamizada. Ellos están ofreciendo la oportunidad de visualizar y tener una experiencia sensible y emotiva de lo que fue la historia cristiana de Francia, explicando también por las noches la historia vendeana. Este proyecto se ha llevado a Toledo, y el Puy du Fou de Toledo hace lo mismo pero con la historia de España. Todo el mundo que pasa por allí sale fascinado. Frente al relato de autoodio que nos ha ido inculcando la izquierda contra el sentido de España, contra la patria y contra nuestro orgullo, uno sale de allí con el pecho inflado diciendo: «Esta es la historia de verdad, la hemos recuperado». Yo creo que esto es básico para la salud mental de los pueblos. Como periodista, tú tienes más experiencia que nadie en esto: estamos en una sociedad intoxicada mental y psicológicamente, donde da la sensación de que estamos rodeados de gente enferma. Una parte de esto tiene que ver con el secuestro de nuestra verdadera identidad y tradición al cual nos han sometido.

Sergio Fidalgo: Pues os recomendamos La guerra de La Vendée y la primera cruzada moderna, de Libros Libres, escrito por Javier Barraycoa. Es un libro muy fácil de leer, muy divulgativo y muy interesante, con el que vais a descubrir cómo la historia muchas veces no es como nos la cuentan. Javier, primero muchas gracias por tu labor, porque este es ya tu enésimo libro. Entre tus obras sobre el nacionalismo y tus libros sobre Companys, tienes una trayectoria increíble desmontando mitos. En este que nos ocupa hoy, no os lo perdáis. Además, insisto en que es un libro bonito; que no tiene por qué ser lo más importante a la hora de comprar un libro, pero si es interesante y encima da gusto verlo, también tiene su gracia. Muchas gracias y muchísima suerte con el libro.

Javier Barraycoa: Muchísimas gracias a ti, Sergio, y animarte en tu labor.

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