El imperativo populista y la guerra cultural: el homo Podemos

Las epidemias, los conflictos han puesto siempre en cuestión los utillajes sociales y han propiciado respuestas tanto individuales como colectivas muy diferentes en el tiempo y en el espacio. En nuestro caso, y desde los primeros años del gobierno de Zapatero y la irrupción disruptiva de Podemos en el ámbito de la vida política española, hemos asistido a un progresivo deterioro de la convivencia social y política que ha sido relativizada por los medios de comunicación, disminuida por los generadores de opinión más influyentes y aplaudida por diferentes sectores sociales, culturales y económicos que veían como “exótica” esta mezcla de “matices” que habitaban la sociedad en España.

El gobierno de Zapatero fue beligerante en la infantilización del pensamiento crítico y en cierta ingenuidad fingida al socaire de sus pactos con ERC y otras fuerzas siempre atentas. Comenzó allí un proceso de imperativo progresista que enmascaraba una notoria guerra cultural y que hoy a derivado en un imperativo populista del que pocas esferas se han conseguido escabullir. Existe desde hace ya mucho tiempo, el momento histórico-histérico.

En nuestro caso, está formado por una secuencialidad que abarca una crisis económica bajo el gobierno del PSOE en 2008; una victoria electoral del PP en 2011 con su gestión de la crisis. Pero en un momento dado, surgió, como estrambote, la histeria-populista, que tenía como banda sonora tanto los sonidos de otras latitudes como el leve replicar del comunismo tecnológico representadopor Podemos y su pensamiento revolucionario activo-pasivo. Los años que transcurren entre 2014 y 2020 son los de la pandemia progresiva. Ese paulatino e insólito movimiento que expulsa del espacio de la discusión pública y política la razón y la divergencia sosegada para instalarse en el menudeo de la delincuencia de los conceptos políticos huecos, vacuos que maneja el imperativo populista. El funesto resultado de todo ello es la perversa influencia de la personalidad, como broma del destino de Pedro Sánchez y su inicial e inadvertida ausencia de valores; ahora ya tenemos la certeza.

Cada época tiene sus héroes y sus villanos. En este tiempo actual, se está produciendo un aislamiento, premeditado y planeado, de los individuos que no piensen como el homo podemos. Como afirmó el otro día Cayetana Álvarez de Toledo y en el ABC (31/05/2020) repite Ignacio Camacho, Pablo Iglesias, el guía de podemos, ha ocupado todo el control del discurso sobre la oposición. El PSOE se ha convertido en un perfil que, salvo las groseras intervenciones de Lastra y Simancas, poco o nada más aportan. Sin embargo, los embates permanentes del único vicepresidente con barba no son las del perfecto anfitrión. No, sus insinuaciones a tentativas de ruido de sables pretenden convocar a ese aislamiento que se quiere imponer a todos los ciudadanos que discrepen de esa lógica perversa. El resultado es que lo sustancial de la vida política y las complejidades que deben presidir todo el debate público se ha substituido por la víscera, pasaporte siempre hacia el conflicto de baja intensidad, pero conflicto, al fin y al cabo.

Toca ahora reivindicar que las ideas importan. Que existen categorías político-morales que son mejores que otras y que existen fronteras que no se pueden quebrar. El homo Podemos está asentado en un proceso inexorable de división social y de fragmentación del sujeto en pequeños espacios identitarios (feminismo, naturalismo, ecologismo, socialismo, solidaridad, mundo digital, plurinacionalidad, defensa de lo público y un largo etcétera de asuntos del cotidiano) que, sumados todos ellos, dan como resultado un siervo. Se nos dice que todas estas cuestiones representan problemas objetivos y que los que las defienden son buenos por naturaleza.

Pero, como ya se ha dicho, la defensa de todos estos elementos debe hacerse siguiendo el fetichismo que la izquierda ha colocado sobre ellos y que ejemplifica el lenguaje con el que la Ministra de Igualdad se expresa en cada comparecencia pública. Sin ninguna duda que todo este proceso pretende desarticular las instituciones políticas y “reconstruir” un nuevo espacio de debate político en el que la decisión sobre la idoneidad de determinadas ideas estará en manos del imperativo revolucionario-populista que desde hace ya tiempo impone el homo Podemos.

Recordemos que desde 1945 existen fronteras morales; líneas rojas que pretendían que en el mundo social existían verdades objetivas sobre la maldad del nazismo, el fascismo y del comunismo y que el mundo Occidental estaba desarrollando antígenos y un gran pacto social sobre ideas como libertad, democracia y defensa de los derechos humanos que no son patrimonio de ninguna ideología. Ahora, y pese a las reiterados ejemplos cercanos y lejanos sobre el fracaso que significó el socialismo y el comunismo en la historia de la humanidad o los riesgos de retorno al fascismo nacional-identitario y reduccionista, asistimos con la perplejidad del niño, que descubre la televisión por primera vez, a una leyenda rosa sobre el pensamiento liberticida y a los totalitarismos de izquierda.

Comprobamos cómo, sistemáticamente y desde el pasado mes de marzo, un sector del gobierno toma decisiones que comprometen nuestro sistema de libertades y garantías y el pacto social que representó 1978. ¿Es un simulacro de caudillismo post-peronistas? ¿Es una catalanización de la política nacional? O es simplemente factum revolucionario basado sobre la “incautación” –algo muy de la izquierda–, de la propiedad sobre las “ideas morales” y su cada vez menos aceptable, pese a su secular existencia, de la superioridad moral de la izquierda.

Resulta sorprendente, al igual que ocurrió en 2017 en Cataluña, que el único vicepresidente primero de gobierno no esté muy conforme con que se debatan, en sede parlamentaria, los hechos. No, prefiere la absoluta negación de esta contienda para ofrecer siempre un simulacro de parlamentarismo en el que introducir sus siempre terribles “ismos” sobre la oposición. Se desprende de esta falta de rigor, un aroma totalitario y reduccionista pues achaca a la oposición toda la carga de la prueba sobre la imposibilidad de llevar a cabo su plan de “reformismo autoritario”.

Se inculca a los niños la defensa de la verdad. Las sociedades adultas deberían tener una relación nada ambigua con el principio de veracidad que se debe exigir a los políticos en sus actos, acuerdos y en la explicación de estos. Sin embargo, ahora ocurre algo inversamente proporcional a esta regla básica. Desde el gobierno se ha procedido a la ideología para superar y vencer a la muerte. Interpretan, no sin razón, que además de salvar a la población del virus, podrán llevarse por delante a la oposición, sobre todo al PP.

Con el deseo, cada vez menos oculto, de imponer un orden social acorde con sus estrategias de comunicación, el gobierno insiste en mostrar que su “verdad” y las consecuencias directas de desarrollar sus medidas son la única forma de salvaguarda de la población y del manido “Estado del Bienestar” que “bombardeó” la aviación del PP en la anterior crisis –esto es una mentira– pero volvamos.

La finalidad de todo el proceso de comunicación que han organizado la dupla Sánchez-Iglesias, consiste en imponer un conjunto de ideas fuerza, que no importa que sean estúpidas o discutibles por lo que implican de menoscabo de la libertad personal y de el sometimiento del individuo a la tutela económica del Estado, sino porque se venden bajo la infranqueable categoría de la “emergencia social”. Bien, sin duda hay una “emergencia”, claro; la de desentrañar cómo, tras la retahíla de conceptos y significantes que el gobierno fabrica cada día, se esconde una forma imperativa de transformación social que pretende anular nociones fundamentales como son las del derecho y la representación. Urge una necesidad efectiva y discursiva de protección a las instituciones que ejercen de mediadoras entre el poder y el ciudadano.

La responsabilidad es que frente al imperativo revolucionario en ciernes, surjan voces que desde la responsabilidad democrática intenten evidenciar y exponer lo que esconden determinadas políticas y ofrecer a la sociedad otra forma que abogue por un “imperativo democrático”.  El populismo siempre tiene la añoranza del conflicto social y necesita de la fragmentación, división apoyada por una “dictadura de las palabras” que tal o cual sofista arrojan al espacio público y político de discusión. No retomemos ahora, en 2020, la insoportable Kulturkampf que tanto daño causó y descifremos la realidad fenómenonouménica que tanto las ruedas de prensa del presidente como las intervenciones-conferencia del vicepresidente encierran.

¿Serán happenings?

Heraldo Baldi

(NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).


‘Equidistantes exquisitos’ es el último libro de Antonio Robles, un ensayo que constituye, en palabras del economista Félix Ovejero, “un inventario del paisaje humano que allanó el camino a la locura nacionalista”. Cuenta con un prólogo del dramaturgo Albert Boadella. El PVP del libro es de 17 euros. Si desean pagar por tarjeta o paypal pueden hacerlo en este enlace del módulo de pago. Sigan los siguientes pasos: Pongan en el recuadro en blanco ("donaré”) el importe correspondiente al número de ejemplares que deseen (17 euros, si quieren uno; 34 euros, si quieren dos, y así sucesivamente). Pongan solo el número, no pongan la palabra “euros”. Sin añadir nada más hagan clic en el botón "donar". A continuación, le saldrá otra pantalla en la que le pedirán datos y pongan en el recuadro "información adicional" la siguiente información: "Libro Robles" y su dirección, código postal y un correo electrónico válido. Ha de escoger si quiere pagar por tarjeta de crédito o por paypal. Y luego dele a "realizar el pedido". Otra forma de adquirir el libro es escribiendo un correo a [email protected] y se les informará de otras formas de pago. El libro tardará unos 15 días, debido a la reducción del servicio de Correos. Si tienen dudas escriban al correo antes indicado.

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya.
Si quieres leer nuestras noticias necesitamos tu apoyo.

DONA

Recibe las noticias de elCatalán.es en tu correo

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Información básica sobre Protección de Datos

  • Responsable: SERGIO FIDALGO.
  • Fin del tratamiento: Mantener una relación comercial y el envío de comunicaciones sobre nuestros productos y servicios.
  • Legitimación: El consentimiento del usuario.
  • Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros, salvo por una obligación legal.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional.
  • Contacto: [email protected].
  • Información adicional: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en Política de Privacidad.