El discurso del pueblo

Cuando en mayo de 1954 el Viet Minh o Liga para la independencia de Vietnam, expulsó a los franceses de Hanoi, proclamando la República Democrática del Vietnam, ofreció a su lider Ho Chi Minh residir como presidente de la República en el palacio del gobernador francés.

Ho Chi Minh era un comunista convencido, portador de una conciencia patriótica que le impulsaba a no vivir lujosamente, cuando su pueblo pasaba hambre y privaciones. Por ello, y para mantener su forma de vida como guerrillero, pidió que le construyera una choza de juncos de bambú en los jardines del palacio.

Cuando se instaló, se alimentaba diariamente con cuencos de arroz como había hecho siempre. Cuando el presidente Ho Chi Minh falleció en 1969, en plena guerra contra los Estados Unidos, fue recordado por su pueblo como un héroe y un libertador.

Antes de fallecer había dicho que quería ser incinerado, porque si se enterraba su cadáver se restaba espacio a la agricultura y se corrompía la tierra. Sin embargo la magnificencia del personaje como padre de la nación, hizo que sus seguidores lo embalsamasen y se construyese un mausoleo en su honor en la plaza Ba Dinh de Hanoi.

Cuando los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ocuparon Managua el 19 de julio de 1979, se produjo un periodo que los nicaragüenses recuerdan como “la piñata”, porque se inició una rapiña generalizada con el uso de la fuerza armada, en la que los sandinistas, como los niños que golpean una piñata, recogían los regalos producto de sus confiscaciones.

Dos días después de la ocupación uno de sus principales líderes, Daniel Ortega, que en la actualidad es el presidente de Nicaragua, aprovechando que la familia Morales había abandonado el país por la guerra, se apropió de su casa en las afueras de Managua. Pese a las insistentes reclamaciones de los legítimos propietarios, Ortega que vive en la casa desde entonces, se ha negado reiteradamente a devolverla.

Se trata de una casa de novecientos metros cuadrados, construida en piedra y maderas preciosas, que cuenta con dos grandes salas, varios comedores y seis fuentes. La familia Morales valoró su casa en dos millones de dólares de entonces. Los ocupas de la casa Daniel Ortega y su compañera Rosario Murillo, se apoderaron también de las obras de arte de gran valor que había dentro del inmueble.

Relatados estos dos antagónicos ejemplos. Aquí en España tenemos una parejita de comunistas de salón, que se han comprado un casoplón al estilo de las estrellas de cine de Beverly Hills.

Evidentemente los comunistas no están obligados a vivir en chozas como Ho Chi Minh, porque están legitimados a prosperar socialmente como todos nosotros; pero lo que supone una somera mejoría del nivel de vida, penetra en los parámetros de la obscenidad, cuando la mejora económica personal se convierte en ostentaciones de riqueza, que solo están al alcance de algunos privilegiados.

Pero además hay otro aspecto que en mi opinión es lo que confiere más gravedad al asunto, y es que Irene Montero y Pablo Iglesias se han comprado esa villa con el dinero que están obteniendo de su dedicación profesional a la política. Esto significa que si Pablo se hubiese quedado en la Universidad Complutense, a dar esporádicas clases como suplente, e Irene Montero hubiera seguido de becaria que es lo que hacía antes de ser diputada, a lo sumo como pareja que espera la feliz llegada de unos gemelos, habrían alquilado un pisito o apartamentito en un barrio modesto de Madrid.

Jamás habrían podido comprarse un piso, y menos aún una chalet de lujo como el de su camarada Daniel Ortega, porque ningún banco habría concedido una hipoteca a un profesor no titular de una Universidad -que a duras penas trabajaba cuatro meses al año- y a su compañera becaria.

Ho Chi Minh será eternamente recordado por su pueblo, mientras que Daniel Ortega, que en la actualidad está ejerciendo una política de medidas antisociales, que la granjeado la enemistad de los nicaragüenses, probablemente tendrá el triste final que la historia le depare.

Por lo que respecta a Pablo Iglesias e Irene Montero, los españoles nunca olvidaremos a una pareja de listillos, que atizando el discurso del pueblo han conseguido enriquecerse a costa del pueblo, que es quién en definitiva les paga su casa.

Todo por el pueblo pero sin el pueblo.

Juan Carlos Segura Just
Doctor en derecho

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