El pasado martes 13 de enero un hombre que según los medios que han difundido la noticia, era o había sido afiliado a Podemos, atacó la Taberna Garibaldi que pertenece a Pablo Iglesias en el barrio de madrileño de Lavapiés. Por lo visto el hombre después de romper el cristal de la puerta de entrada con una piedra, irrumpió en el interior del local provisto de una llave inglesa.
Dada la afiliación política del individuo, se puede calificar su agresión de ataque antifascista, por la sencilla razón de que el bar se llama Garibaldi, y según el filósofo Giovanni Gentile, uno de los grandes representantes del Idealismo del siglo XX, Giusepe Garibaldi fue el precursor moral del fascismo, porque anhelaba la unificación de los italianos bajo un gran espíritu nacional y la creación de un Estado fuerte.
Por su parte el historiador Gioacchino Volpe sostenía que el Risorgimento que preconizaba Garibaldi, culminó de una forma natural en el fascismo. En una época más reciente, Pino Rauti íntimamente relacionado con círculos culturales cercanos al Movimiento Social Italiano, destacó la figura de Garibaldi como símbolo nacional de la Italia moderna.
Garibaldi era una figura que el régimen fascista, y el mismo Benito Mussolini lo convirtió en icónico de la patria italiana, afirmando que personificaba el hombre nuevo italiano, valiente y luchador, gran patriota y dispuesto al sacrificio. Además también se verifica el móvil antifascista o antinazi del asalto, porque en la puerta había un adhesivo indicador de que no se permitía la entrada a judíos.
No sabemos en qué estaba pensando Pablo Iglesias cuando le puso ese nombre a «su taberna», que fue adquirida gracias a la aportación de voluntarios por medio de un crowfunding. Quizás los nombres de Taberna Stalin, Taberna Ceausescu, Taberna Pol Pot, Taberna Kim Jong-il o Taberna Maduro habrían sido más apropiados.
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